sábado, 21 de noviembre de 2009

Muito Obrigado Porto. Tercer Día.

Tras la animada noche del 16 de Abril amanecimos la mañana del sábado bastante cansados, tarde y sin plan alguno, yo recuerdo que me dolía un poco la cabeza pero estaba contento por haber pasarlo tan bien tanto en Ribeira y en el Plano B cerca de nuestra casa. Como no había plan pensé tomarnos el día tranquilamente y hacer algunas visitas culturales a espacios contemporáneos y pasear por las playas de Oporto. A David le pareció buena idea y pensamos primero ir lo más lejos para luego ir acercándonos progresivamente al centro, para ello tomamos un taxi y nos dirigimos hacía la Fundación Serralves, un museo de arte contemporáneo con unos bellísimos jardines que se encuentra en Rua D. João de Castro, 210, Link Fundación Serralves. Está a unos 7 km del centro de la ciudad pero es un sitio muy recomendable tanto para ver cosas interesantes como para pasear. Los taxis en Portugal son bastante económicos pero van a todo trapo, este se portó bastante bien y no iba muy rápido pero enseguida nos dejó en la puerta del museo.

Esta fundación se divide en dos partes, la parte cubierta donde hay que pagar una entrada que creo que fueron 5 euros donde ves las exposiciones temporales que hay puestas, yo recuerdo una de vinilos de música electrónica (nos perseguía Krafwert por toda la ciudad, jejejeje...). También había otra exposición de coches viejos con unos televisores también antiguos y otra exposición de instrumentos musicales variados con especial hincapié en la electrónica. Después salimos del edificio de la fundación y a mano izquierda se encuentran los jardines Serralves, una vasta extensión de bosques con gran variedad de árboles, lagos y hasta praderas donde había gentes montadas a caballo, desde luego lo mejor del sitio porque imita las formas de los jardines de Versalles y se hace un paseo muy agradable para ir abriendo el apetito antes de ir a comer al buffet libre del museo porque la zona donde está esta fundación es una zona residencial llena de villas antiguas y sin servicios en la zona. Aún así nos pareció perfecto comer dentro del museo porque se estaba muy tranquilo y tampoco te atracan como en otros museos (véase por ejemplo el museo del Louvre de París). El buffet no era muy variado tampoco, lo de siempre, pasta, algo de carne, patatas, hojaldres y una poca variedad de tartas. Lo mejor del restaurante era la terraza y como hacía un buen día nos tomamos un té (un chá en portugués) fuera viendo de nuevo los jardines que habíamos visitado y recuerdo que mirábamos a los aviones que iban pasando por el cielo ya que pasaban bastante abajo por allí.

Tras la frugal comida abandonamos el museo y nos fuimos por la Av. do Mal Gomes da Costa para bajar a la Foz del Douro que es donde el río Duero desemboca en el océano Atlántico y constituye las playas de pesca y de baño para los habitantes de Oporto, fue un gran paseo porque es una extensión bastante larga pero también muy agradable ya que es muy fácil pasear cuando te da la brisa del mar, vas más tranquilo y disfrutando del paisaje. Primero pasamos por la Av do Brasil, para luego pasar por la Rua do Cel Raul Peres. El tiempo era bueno pero no era para bañarse y lo más interesante estaba en los diferentes malecones donde los pescadores tenían sus grandes cañas de pescar con un gran viento. En la Av do Dom Carlos I está el jardín do Passeio Alegre que es una zona que me sorprendió bastante porque ya había más edificaciones de casas, restaurantes y servicios pero es una zona que está bastante mal comunicada en transporte, había algún tranvía que otro que mayoritariamente eran utilizados por excursiones de jubilados y se veía una zona antigua y con solera. Era una mezcla muy rara porque al lado de esas excursiones de jubilados había jóvenes moviéndose en patines y unos bares de diseño en casas muy antiguas. A destacar el 31 Trintaeum que se ubica en la Rua de Passeio Alegre 564, una casa antigua con una puerta pequeña donde han tocado o pinchado algunos de los mejores artistas como Carl Craig o Toshio Matsura. Era un sitio que tenía apuntado para ir por la noche pero nos pareció bastante alejado para luego poder volver a la misma ciudad. Cuando vuelva en otra ocasión volveré por allí.

Nuestro paseo continuó hasta la Rua do Ouro, en total llevaríamos en nuestras piernas unos 6-7 kilómetros andando bordeando el río Duero y sólo avistábamos el Ponte da Arrábida que es el puente que está más alejado del centro de la ciudad, así que optamos por sentarnos en una de las paradas de bus/tranvía y cogeríamos lo que primero pasase, o taxi o transporte público. Lo primero fue un taxi y pensamos tomarnos algo en Cais de Ribeira que siendo sábado por la tarde habría mucha animación y de hecho acertamos porque la plaza estaba hasta arriba y había una boda donde todo era bastante gañanazo la verdad porque hacían bailes populares vestidos de folclóricos y parecía que nos transportábamos a mediados del siglo XX en España, fue divertido y gracioso ver a los portugueses bailando y celebrando la boda mientras nosotros tomábamos el enésimo beirao a la orilla del Douro.

Como era todavía muy temprano nos daba tiempo a visitar otro de los espacios que es imprescindible ver de Oporto, la Casa da Musica, un edificio moderno construido hace poco tiempo que se encuentra en Avenida da Boavista, 604-610, Link Casa da Musica. Desde Ribeira está muy alejado para ir andando así que íbamos a montar en el metro de Oporto para ir a la estación de Trindade en la línea amarilla para luego coger la verde hasta la parada Casa da Musica, que es el barrio de Lapa. Este edificio está compuesto por varias partes temáticas dedicadas a la música obviamente, tiene un gran auditorio donde un mes antes de nuestro viaje habían tocado Einsturzende Neubauten, un buen grupo alemán. También hay salas donde puedes jugar con los sonidos y admirar desde el restaurante de su terraza el skyline de Oporto. A destacar una sala llena de azulejos azules portugueses que es preciosa. En el museo nadie te dice nada y vas por libre andando por sitios donde no hay nadie y el sitio es fascinante tanto en su arquitectura como en la temática que tiene. En la parte de fuera hay una explanada donde muchos skaters como hacen en Nuevos Ministerios en Madrid se reúnen.

Al salir de la Casa da Musica dimos nuestro último paseo del día por la Praça de Mouzinho de Alburqueque donde hay una glorieta ajardinada con una columna que a David le pareció bastante simpática y que retrato con su camara bastante que es la de león que somete a un águila que por lo visto conmemora la victoria en una batalla de los portugueses sobre los franceses, aunque no estoy seguro del hecho. Se notaba que ya estábamos más alejados del centro de Oporto porque era una zona más proletaria con sus cafeterías y tiendas de comestibles pequeñitas. Volvimos a coger el metro para ir hasta la parada de Aliados y volver a la pensión a descansar un poco antes de nuestra última noche en la ciudad. Antes de pasar a nuestra Pensao Cristal nos tomamos otro beirao en una cafetería de la Rua Galeria de Paris que estaba muy chula, dentro al fondo tenia una libreria con unos teclados y sonaba música de África que me recordaba a Mozambique o Cabo Verde (antiguas colonias portuguesas), la camarera era de raza negra y la cafetería estaba casi vacía, me encantó el sitio aunque no recuerdo como se llama.

Esta vez no se nos iba a escapar por fin cenar en la Churrasqueria y nos preparamos para ir temprano para lo que son nuestras costumbres y un poco más y la liamos porque llegamos casi cuando ya no quedaba nadie pero está vez si pudimos entrar y ponernos de carne a base de bien, el sitio era antiguo y conservaba un encanto especial de los viejos lugares donde va gente mayor que tanto me gustan a mi, además era como un ambiente español pero melancólico, donde habría 5 ó 6 personas cenando, de fondo el televisor con el último partido de la jornada de la Liga portuguesa y conforme la cena iba avanzando ya estaban limpiando el sitio para echar el cierre, en ningún momento nos molestaron y fueron muy amables, en Oporto no hay la misma prisa por ejemplo que en Madrid, eso si, también es verdad que a las 22:30 estaban cerrando el restaurante un sábado, cosa impensable en Madrid.

Nuestros cuerpos se encontraban cansados de tantas visitas y del viaje pero teníamos que salir a tomar algo una noche de sábado por Oporto y dar nuestras últimas vueltas por Ribeira, yo no tenía el cuerpo muy católico para ir de copas pero luego ya me animé un poco y nos fuimos a una taberna irlandesa muy chula cerca del Palacio de la Bolsa, es el Ryans Irish Pub, en la Rua Infante D. Henrique 20, un sitio con dos plantas y buena música. Recuerdo que como buen pub irlandés tenía puesto fútbol a todas horas y estaban repitiendo la final entre Francia e Italia de la Eurocopa 2000, la pasión por el fútbol en Portugal es incluso mayor que la española. Después fuimos de nuevo O Meu Mercedes é Maior Que o Teu donde tan bien lo habíamos pasado la noche anterior, pero no había mucho ambiente, a lo mejor es que era muy temprano y no había llegado aún la gente. Yo ya no podía más y fuimos a tomar la última en nuestro querido Plano B y de hecho nos quedamos en la parte de arriba, realmente no fue una noche para tirar cohetes de que vaya juerga nos estábamos pasando pero recordábamos todo lo que habíamos hecho y brindamos por tan buen viaje. Nos fuimos para nuestra pensión y ni siquiera miré al cielo para ver la luna porque me daba pena abandonar al día siguiente tan estupendo lugar. Me puse a hacer mi maleta en la habitación y recuerdo que rápidamente me dormí, al día siguiente nos esperaba el vuelo para Madrid y algunas compras en el aeropuerto que en el siguiente post de despedida comentaré. Un gran día este sábado cuando el sol estaba en lo alto que por la noche ya no pudo estirarse más.



Fundación Serralves.



Jardines Serralves.



Arquitectura Serralves.



Foz del Douro. Rua Passeio de Alegre.



Praça de Ribeira.



Casa da Musica. Pasillos.



Casa da Musica. Azulejo portugués.



Terraza de la Casa da Musica.



Arquitectura Casa da Musica.



Columna de la Praça Mouzinho de Alburqueque.


Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Muito Obrigado Porto. Segundo Día.

Amanecimos bastante tarde nuestro segundo día en Oporto, de hecho nos despertamos David y yo porque Fosi nos llamó desde el aeropuerto que había conseguido vuelo para volver a España, nos alegramos por él porque era lo que deseaba pero a partir de ese momento la excursión fue a dos bandas y el que llevaba algo preparado era yo y enseguida monté un plan, no se va a estresar uno en vacaciones y la improvisación también es recomendable para que salgan planes estupendos. Fosi había pensado ese día ir a una marisquería en Matosinhos y como me había pasado su documentación pues miré como poder ir pero Matosinhos es un barrio muy al norte de la ciudad que está muy lejos y no me parecía el plan muy atractivo para lo tarde que era.

Empecé a buscar en mis apuntes y con los mapas durante un ratillo, recordé lo que nos explicó la mujer de recepción de la pensión y lo mejor era ir a comer y luego hacer varias degustaciones de vino en la otra orilla del Douro en Vilanova de Gaia. A David le pareció muy buena idea. Antes de dirigirnos a comer miré en el mapa donde está la famosa librería Lello e Irmao (Lello y hermano) que es la tercera librería más antigua de Europa y no es privada, está abierta al público. Resulta que la librería estaba también al lado de nuestra pensión, doy su dirección porque es un sitio único e inigualable, la dirección es Rua das Carmelitas 144. La fachada de la librería es preciosa y por dentro tiene una gran escalera de madera que te evoca a épocas del Renacimiento. Allí me compré una guía de Oporto en español y el libro del 'Principito' en portugués que era un encargo que me habían hecho. Coincidimos dentro de la librería con varios españoles, de hecho coincidimos con unas chicas que el día antes habían estado comiendo en la Praça de Ribeira muy cerca de nosotros y que iban en nuestro vuelo también, esto puede dar una idea de lo grande que es Oporto que coincides fácilmente con la gente aunque esto ya era mucha casualidad.

Hicimos el mismo camino que el primer día pero mucho más despacio bajando hasta la estación de Sao Bento, la Rua das Flores y nos paramos a observar con más detenimiento el Palacio de la Bolsa y el mercado das Flores. En cuanto al Palacio lo pudimos ver un poco la entrada y luego cuando lo vi por televisión en los programas estos que están de moda de viajeros me fastidió no haber entrado porque es magnífico y en el mercado das Flores se notaba bastante actividad pero se veía un mercado un poco más pijo que el de Bolhao porque vendían más especialidades, de hecho había no se que de una charla sobre el cannabis que no entendía muy bien porque no tengo ni idea de portugués. Dimos una vuelta por la casa del Infante y por la Rua Fonte Taurina, Rua Canasteiros y la Rua Lada echando un ojo a los restaurantes que había para ver donde comíamos ya que nos íbamos a quedar por allí para luego subir hasta el puente de D. Luís I y pasar a la otra orilla donde están las bodegas.

Había un montón de restaurantes y con mucha variedad, al final optamos por uno muy cerquita del puente e íbamos a probar un plato típicamente portuense, la francesinha. Este plato consiste en una tostada de pan blanco rellena con diversos tipos de embutidos y carne: jamón cocido, chorizo, mortadela, un filete de ternera o cerdo, luego se recubre de lonchas de queso, se gratina y se sirve regado por una salsa picante (hecha a partir de cerveza y tomate). Todavía me acuerdo de ese sandwich interminable porque si alguien ha podido con él que me lo cuente ya que eso estaba pesaete que no veas. Eso sí, hicimos muy bien porque así llevábamos el estómago bien asentado para las futuras degustaciones que nos esperaban. Por supuesto de postre como ya era tradición entre nosotros nos tomamos unos Beiraos, que nos estaban gustando mucho. Fuimos un poco tontos porque la ensaladita para el medio típica entre los españoles nos sobraba pero ya se sabe, a ver si te vas a quedar con hambre jejejejeje...

Cuando terminamos de pagar en el restaurante pensamos lo duro que iba a ser subir por las escaleras para llegar al puente de D. Luis I con el atracón que nos habíamos metido con la francesinha y andando descubrimos que había un funicular que te subía en apenas dos minutos hasta el puente, este funicular que me alegró la vida por apenas 2 euros es el funicular de Guindais. No tengo palabras para explicar lo contento que me puse cuando David lo vió y es que encima no tuvimos ni que esperar para montarnos y a los 5 minutos estábamos en la parte alta de la ciudad dispuestos a hacer unas fotos estupendas, ver pasar el metro a Vilanova de Gaia y ver la iglesia de Santa Clara antes de pasar al otro lado. Aún con la facilidad del funicular dimos una vuelta bastante grande para llegar a las bodegas pero íbamos con mucha calma pero también con ganas de llegar porque ya lo dije en el primer post, Oporto es la ciudad de los puentes y los vinos.

Al llegar a Cais de Gaia eso es como un Toys r Us para un niño, tienes toda la oferta de hacer degustaciones de vino de Oporto, nuestra primera parada fue en las Bodegas Calem donde podías hacer un tour para ver la bodega o ir directamente a la degustación, obviamente nosotros optamos por lo segundo y una chica muy amable nos dio 3 vinos a probar, uno joven, otro de mas añada y otro intermedio, lo interesante era observar al agitar la copa la lágrima que dejaba el vino y su sabor estaba de muerte. Nos fuimos de alli ya cargados de botellas y eso que era a la primera bodega que pasamos. La siguiente parada fue en las bodegas Ramos Pinto donde también nos dejaron hacer la degustación sin más preámbulos, no nos convencieron tanto y de allí no compramos nada y ya que íbamos contentillos nos fuimos a las más famosas de toda la ciudad que son las Bodegas Sandeman, pero he ahí el fallo que para hacer la degustación te tienes que tragar el tour por la bodega y aquí es donde vino la nota surrealista del viaje porque de donde sale una china vestida con el uniforme del zorro explicándote en inglés una cosa de vinos portugueses durante media hora. A mi que me lo expliquen porque David y yo decíamos, venga hombre, que se nos pasa la tonteria y aquí a lo que hemos venido es a beber vino. La verdad es que el vino Sandeman estaba perfecto y también compramos botellas de allí, eran un poquito más caras que en las demás bodegas. Para no perder ritmo creo que visitamos un par de bodegas más porque tampoco nos daba tiempo a más ya que a las 6 de la tarde cerraban y no podíamos llevar más peso porque luego no se podría facturar tanto vino. No soy nada aficionado al vino pero fue una experiencia muy interesante y me gustó un montón hacer esas degustaciones, cambió mucho mi visión sobre el vino de Oporto y aún en mi casa de vez en cuando me gusta ver sobre todo las botellas de las bodegas Calem y tomarme alguna copa de vez en cuando.

Con el peso y la tonteria en todo lo alto nos dispusimos a volver al hotel para dejar las botellas que habíamos comprado y el viaje de vuelta cuesta arriba nos costó un poquito porque entre el peso, los sudores por los vinos y la francesinha hizo que darse una ducha en el hotel se hacía indispensable para descansar un poco y disponer de nuestra segunda noche de juerga por la ciudad, recuerdo que después de ducharme puse la tele un rato y estaba la versión de ¿Quién quiere ser millonario? en portugués, los premios eran mucho menores que en la versión española. De nuevo por los horarios portugueses de cenar tan pronto nos encontramos la churrasqueira cerrada y esto empezaba a ser una cuestión de honor porque queríamos probarla, menos mal que teníamos un tercer intento que ya contaré. El plan para por la noche era salir por la zona de Ribeira porque es la zona más antigua y donde más bares de copas te puedes encontrar, además era la noche del viernes y la gente ya sí sale y la ciudad tiene un ambiente que en la noche anterior no había.

Para cenar paramos en un restaurante que parecía muy moderniki en la Rua de Mouzinho da Silveira que es una calle paralela a la Rua das Flores y es una de las calles principales de Oporto que están antes de llegar a Ribeira. Comimos algo de carne y también el famoso bacalao portugués que yo no soy nada de pescado y allí me lo como con gusto incluso. El sitio era un poco más caro de lo normal que es en Oporto pero es que es de risa porque creo que fueron unos 20 euros cada uno. En la Rua Fonte Taurina donde habíamos estado a mediodía tomamos nuestra primera copa muy cerca del famoso Aniki Bobó que curiosamente nos lo encontramos cerrado. El bar, que creo que se llamaba Porto Feio, era muy pequeñito pero con buena música de Green Day, Lenny Kravitz y The White Stripes estaba hasta los topes y empezamos a pasarlo bien y a vernos muy integrados entre aquella gente tan amable, a pesar de lo lleno que estaba el bar en ningún momento había problema de empujones, toques, la gente se organizaba muy bien. Nuestra segunda parada fue al lado en un bar de la Praça de Ribeira que era más de veintiañeros que para nosotros, ponían grupos como Limp Bizkit o Rammstein, de estética más heavy pero muy chulo el sitio y la gente la mar de tranquila y se estaba mucho más espaciado.

La visión de Ribeira por la noche es espectacular porque al otro lado se ven las bodegas iluminadas y pasar una noche de música y alcohol en un barrio marinero es una muy grata experiencia y seguimos por Cais de Ribeira entre músicos callejeros y mucha muchachada hasta la Rua Lada que es una calle típica donde están los muelles del puerto, allí dimos una vuelta por Duque da Ribeira y había un montón de gente que animaba la calle en todo momento. Yo llevaba apuntado un sitio que estaba en esa misma calle que es imposible de recordar pero que aún lo tengo apuntado, es el O Meu Mercedes é Maior Que o Teu, que está en el número 30. La sorpresa llegó cuando llegamos a la puerta del sitio que estaba completamente cerrada y no parecía que estuviese abierto. El caso es que David y yo oíamos música desde fuera y venía de esa puerta y había un timbre. Yo me dije, ¿Porqué no? y ni corto ni perezoso llamé al timbre para ver si nos abrían, que luego lo piensas fríamente y hay que echarle narices para ir llamando a timbres de puertas en otro país a saber lo que te puede pasar. Un guarda nos abrió y nos invitó a pasar, en la entrada nos dieron una tarjeta. Allí en Oporto en este tipo de discotecas a la entrada te dan una tarjeta donde te van apuntando las consumiciones que vas haciendo y luego a la salida pagas todo, si pierdes esa tarjeta te llevas una buena multa. Un sitio que fue un acierto porque nos quedamos allí como 3 horas bailando al son de un dj que estaba al lado nuestro con una mesa minúscula y descubierto, que podías hablar con él mientras pinchaba música de The Strokes, Franz Ferdinand, The Clash o las Pipettes. La tarjeta la llenamos de consumiciones de copas y Beiraos, además la decoración estaba muy cuidada, el sitio representaba como una cueva y su iluminación era la justa. Recordaré siempre ese sitio como un lugar especial porque me olvidé que estaba en otro país, me sentía como en casa. Nunca una noche fuera de España fue tan buena como me lo pasé en ese garito y después terminando de nuevo en nuestro querido Plano B donde tomamos la última. Esta vez si que estaban a reventar ambas plantas y había dos sesiones diferentes, la gente entregada en ambas salas y la verdad ya no se si era por el alcohol o por lo bien que me lo estaba pasando que me encantaba ya no sólo la música, sino la gente y sobre todo ese ambiente que nunca podría haber esperado de Portugal, ese falso mito de que son gente deprimida y que vive de sus recuerdos. Con un gran sonrisa salí del Plano B y no me importaba que la pensión estuviese cuesta arriba, miré hacía la torre de los Dos Clérigos y vi la luna llena sobre Oporto, pronto se iba a hacer de día y al llegar a la habitación caí rendido, dormí como muy pocas veces lo he hecho, sin ninguna preocupación.



Libreria Lello e Irmao.



Detalle de la escalera de la librería.



Fachada de la librería.



Cais de Ribeira. Puente de D. Luis I.



Funicular Guindais.



Vistas de la ciudad.



Desde Vilanova de Gaia viendo la zona de Ribeira.



Bodegas Calem.



Toneles de Sandeman. Interior de la bodega.


Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Muito Obrigado Porto. Primer Día.

Hola de nuevo, vamos a compartir un nuevo viaje en el blog y esta vez le toca a mi querida Portugal otra vez, si antes comentamos el viaje a Lisboa que hice con Dani en esta ocasión nos toca la segunda ciudad de Portugal, Oporto, cuyo nombre en portugués es Porto, de ahí viene el nombre del país entero (Portugal). En esta ocasión fuimos Fosi, David y yo en el puente de San Isidro del año 2008, íbamos a pasar 3 días en una ciudad mediana pero encantadora.

Lo primero de todo es como siempre dar las gracias a mis acompañantes porque fue un viaje muy bueno y hubo una gran sintonía, la pena fue que Fosi nos tuviera que abandonar el segundo día a causa del fallecimiento de su abuelo, desde aquí pues le dedicamos estas líneas a su abuelo. Fue una muy buena excursión donde hicimos de todo y yo lo pasé estupendamente. La noche antes estuvimos tomando unas copas en el Club Geografic de Madrid y ahí ya estaba empezando nuestro viaje porque serían unos días de magníficos lugares, licores variados y buena gastronomía.

El jueves 15 de Mayo por la mañana en la T1 de Barajas teníamos nuestro vuelo a Oporto en la compañia de bajo coste Ryanair. Poco que contar del garito que tiene esa compañia en el aeropuerto, pero bueno, para un vuelo de una hora tampoco hay que complicarse la vida y se pasó rápido, además una vez que pisábamos el aeropuerto Sa Carneiro de la ciudad había que retrasar los relojes una hora, así que de nuevo estábamos en la misma hora de la que habíamos partido de Madrid, recuerdo que mi maleta salió de las últimas, estaba ya un poco acojonado por si se había extraviado, pero al final salió. Nos dirigimos a la parada de taxis porque hay metro hasta la ciudad pero siendo 3 personas con maletas la opción del taxi era la mejor, nuestro alojamiento era la Pensao Cristal, que está en la Rua Galeria de Paris, 48. Una pensioncita limpia y cómoda, sin grandes lujos pero con una inmejorable situación, al lado de la torre de Dos Clérigos y muy cerca de la estación de Sao Bento.

Una vez instalados en nuestra pensión bajamos a recepción para que nos dieran un plano de la ciudad y obtener alguna información porque algo llevábamos preparado pero tampoco con mucho detalle, que caras nos vería la mujer de la recepción que no hacía más que explicarnos el camino para llegar a las bodegas en la otra orilla del Douro (Duero) para degustar los famosos vinos de Oporto, eso sí que se llama turismo por el alcohol jejejejeje... Una vez en la calle, nuestra primera excursión para ir reconociendo el lugar fue ver la Torre de Dos Clérigos, torre que es muy alta y que nos sirvió alguna vez como guía para orientarnos, empezamos a pensar en el acierto que habíamos tenido alojándonos en la Pensao Cristal, un tanto que se puede apuntar Fosi. Bajando por la Rua de las Carmelitas enseguida nos plantábamos en el centro de la ciudad, donde está la Avenida de Dos Aliados y la más importante estación de tren de Oporto, la estación de Sao Bento, es un lugar patrimonio artístico de la Unesco que se caracteriza por los bonitos azulejos portugueses que decoran la entrada de la estación, me recordó un poco a la famosa estación de França de Barcelona pero en versión portuguesa.

La estación de Sao Bento se encuentra en la Praça Almeida Garrett, una de las plazas más famosas de la ciudad donde se dan encuentro gran cantidad de comercios y restaurantes para tener una buena velada al aire libre con el gran tiempo primaveral que estaba haciendo ese día, recuerdo que en esa plaza vendían gran cantidad de camisetas de Cristiano Ronaldo pero no del Manchester United sino de la selección. Ya en 5 minutos nos estábamos acercando a lo que era nuestro objetivo propuesto por Fosi que era llegar a la desembocadura del Douro y comer en la famosa Praça de Ribeira. Para ello enfilamos la Rua Das Flores y me quedé con mi primera sensación sobre lo que era Oporto, una ciudad que parecía un pueblo, con gente muy amable y algo más contenta que los lisboetas, había un punto de melancolía pero no era la misma sensación que en Lisboa donde la gente parece más triste y más metidos en su mundo.

Antes de llegar a Cais da Ribeira en la Praça D. Henrique vimos un bonito palacio que luego al día siguiente descubrí que era el Palacio de la Bolsa del que hablaremos en otra ocasión. El paseo estaba resultando muy placentero porque todo el rato era cuesta abajo para llegar a la ribera donde el río Douro desemboca en el Atlántico. Por fin llegamos en apenas 15 minutos a la zona de Ribeira, el barrio más antiguo de Oporto, es un barrio típicamente marinero con casas de diferentes colores, la ropa tendida por todos sitios y al otro lado Vilanova de Gaia donde se alojan las mejores bodegas de vino de Oporto, la comunicación entre Ribeira y Vilanova de Gaia es por los famosos puentes de Oporto, siendo el más importante el de Luis I que pasa hasta el metro de la ciudad. En Cais de Ribeira a la orilla del Douro tienes muchos de los mejores restaurantes de la ciudad y podías comer al aire libre con la brisa del Atlántico dándote en la cara, así que allí nos quedamos y me acuerdo que pedí algo de carne acompañada con otro plato que eran unas legumbres que estaban estupendas. En Portugal el menú consiste en un solo plato más el aperitivo que te imponen nada más sentarte, pero vamos, que con un plato comes de sobra porque es un plato grande y con muy buena comida. De postre nos tomamos un Beirao que es un licor de caramelo muy típico de la ciudad y que lo llaman el licor de Portugal, la verdad es que es un licor muy bueno que recomiendo.

Como estábamos en la orilla de Douro fuímos a informarnos sobre los barcos que hacían tours sobre el río y enseguida encontramos uno que en apenas 45 minutos te daba una vuelta por la desembocadura y para que lo íbamos a posponer otro día si ya estábamos ahí, así que nos montamos en uno de los barcos y vimos los 6 grandes puentes que tiene la ciudad, ya que Oporto se conoce como la ciudad de los vinos y los puentes. Primero fuimos por los puentes que están más cercanos, el de Luis I, Infante, María Pía, S.Joao y Freixo que son los que comunican con las bodegas. Luego dimos la vuelta y fuímos al puente más lejano, el puente de Arrábida que es donde está la desembocadura y muy cercano a las playas de la ciudad. Mis compañeros se bebían mientras tanto otro Beirao y yo notaba en ese barco una paz muy grande mecido en ese barco al abrigo de los puentes de la ciudad.

La excursión a las bodegas la dejamos para otro día y decidimos ir por la ciudad en su zona más comercial antes de que cerraran los comercios, nos encaminamos de nuevo para Sao Bento y esta vez el paseo era más jorobado cuesta arriba, una vez en Sao Bento subiendo por la Rua Sa Bandeira llegaríamos a la zona del paseo de la Rua de Santa Catarina, primero en Sa Bandeira paramos por el Café A Brasileira que en Oporto no es tan conocido como su homónimo en Lisboa, café donde solía estar Fernando Pessoa. En esta zona también tenemos el famoso teatro Sa Bandeira, un edificio digno de admirar antes de adentrarse en la Rua Santa Catarina que es la calle equivalente a la Gran Vía madrileña pero mucho más humilde y nada cosmopolita. Uno de los motivos para ir a esta calle es que está el mejor café de la ciudad, el Café Majestic, un edificio antiguo muy cuidado y que dentro ofrece todo tipo de licores y repostería con un gran piano que toca ritmos portugueses y brasileños. Por supuesto entramos en el café a tomar algo y yo me tomé una ginja (licor de cerezas) y mis compañeros de viaje iban a por su tercer beirao del día. Al ser peatonal pues andamos por allí un buen rato, vimos la Capilla de las Almas y el edificio del mercado más importante de la ciudad, el mercado de Bolhao. Para ser un jueves que era un día entre semana y que en Oporto no era fiesta había bastante animación en esas calles por la tarde y otra vez recordé el contrapunto de la nostalgia lisboeta.

Marchamos para el hotel no sin antes ver en la Fnac de Oporto un póster gigante anunciando el primer disco de Scarlett Johansson, un disco bastante pobre por cierto. En nuestra pensión descánsamos y luego vino la triste noticia que Fosi nos contó, de hecho se nos hizo tarde ese día y terminamos cenando en el Mac Donalds de la Avenida Dos Aliados porque en la churrasqueira que íbamos a ir nos la encontramos cerrada. A pesar del contratiempo y de que Fosi lo más seguro iba a marchar al día quisimos hacer algo por la noche para que si al menos si se iba pues que se despidiese muy bien de la ciudad en el único día que iba a estar y yo tenía apuntado un concierto en el Plano B, que es una galería que tiene en la parte de arriba un café y en la parte de abajo varias salas para conciertos, dj's, etc... Ese noche tocaba el grupo garajero portugués Mad Dogs y resulta que la dirección del Plano B (Rua Cândido dos Reis nº 30) es la calle paralela adonde estaba nuestra pensión Cristal, así que lo teníamos al lado de casa. La verdad es que el sitio es muy curioso verlo porque tan pronto estás tomándote un rico café portugués como bajas la gran escalera y te encuentras a un dj pinchando el 'Trans Europe Express' de Krafwert. El concierto fue lo de menos porque lo pasamos muy bien en los sofás del sitio tomando copas y beiraos. Al ser jueves se notaba que había poca animación y después de quedarnos prácticamente solos en el garito decidimos irnos a dormir que el día había sido lo suficientemente largo y habían pasado muchos acontecimientos. Al día siguiente nos esperaban librerías antiguas, bodegas y la marcha en Ribeira, pero eso será en el siguiente capítulo, la luna de Oporto aún tenía que esperar, el viernes 16 de Mayo la vi en toda su extensión.



Rua Galeria de Paris. Pensao Cristal.



Torre de Dos Clérigos.



Estación de Sao Bento por dentro.



Praça Almeida Garrett, estación de Sao Bento.



Avenida dos Aliados.



Praça de Ribeira.



Foz del Douro.



Café Majestic.



Capilla de Almas. Rua Santa Catarina.



Mercado de Bolhao.



Interior del Plano B.

Web del Plano B. Muy interesante.


Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

martes, 29 de septiembre de 2009

Zagora '09

...de repente, vi la puerta entreabierta con la primera luz de la mañana; mis ojos aún cegados por el sueño, no distinguían las imágenes; ni el día de la noche, ni la muerte de la vida. Un corriente de aire, golpeó la puerta definitivamente dejando al descubierto todo el esplendor que escondía aquel desierto. Un esplendor de color ocre y aroma a libertad. El cielo de puro azul se fundía con la tierra invitándola a ascender hacia un plano más glorioso. Era como una señal, como una invitación para que abandonara mi catre y me aventurara hacia una patria en la que no existía la maldad; donde el viento empujaba a las almas de los valientes y el sol era la única señal para avanzar. Entre el silencio que producía la solitaria arena, se podía distinguir el rumor de un suspiro; un suspiro que regalaba tranquilidad; un suspiro que emanaba del corazón. Una mujer desnuda, en un camastro de lana; una niña de ojos verdes y limpios, encadenada a una vida que le convierte en esclava. Ahora, la puerta de la celda ha sido forzada y la llave de los grilletes esta oculta entre las dunas. Es el momento de huir de la cobardía, de dejar de soñar solo cuando dormimos. Es el momento de juntar nuestros labios y de unir nuestras ilusiones... la inocencia volverá y la felicidad será nuestra guía. El miedo se olvidará y el futuro será nuestro tras el umbral de aquella pequeña puerta...

Dando vueltas en la cama, nadando en un charco de sudor, en medio de pesadillas y anhelos de liberación, soñaba con un desierto dorado en el que la humildad era la virtud del solitario. No sabía donde estaba, ni qué parte era vigilia y cual fantasía; lo único que era cierto es que el sol estaba saliendo y que el “jaleoso” despertador no paraba de recordarme que la noche había terminado. Confundido, temeroso, cansado y expectante, me incorporo y me lanzo a un viaje que quizás no exista. Una ciudad legendaria nos espera a la lejanía; una ciudad ancestral, una ciudad solemne, una ciudad sucia, una ciudad en blanco y negro... Dar-el-Beida. Prohibida y pecaminosa, ultrajada y perdida. Un oasis desértico, en las puertas del paraíso. En medio del caos y el ruido, escapamos en un corcel de plomo; acompañados por un nómada, metidos en un coche de juguete. Era como si un niño en el que la maldad aún no ha echado raíces, estuviera moviendo nuestro vehículo rumbo hacia un destino incierto...
El auto zozobraba de norte a sur sin acercarse a un destino concreto. Solo el azar puede fijar un objetivo final. Un niño jugando con unos hombres, jugando en un desierto africano olvidado por los dados de dios. El camino no importa porque lo que importa es el viaje; un viaje sobre un cielo puro en un manto de tierra ocre y empobrecida por el capital de los vecinos mas ambiciosos. La ambición que regala el miedo de otros. El miedo de los que tienen algo que perder. Este no es el caso. Ninguno de nosotros cree en la victoria... ni en la derrota. Un enorme paraíso quemado por el sol y bañado por la tranquilidad. Una Diosa, un Vagabundo, una Soñadora y un Ganador Perdido, sirviendo de juguetes para la pequeña mano del hijo de un genio que abandonó su lámpara hace siglos...
A mitad de trayecto entre el principio y el fin, donde el firmamento se abre y deja ver la magnificencia del virginal universo, en un lugar mas eterno que terrenal, un oasis nos da la bienvenida, sin saber el cómo ni tampoco el porqué. Un oasis gobernado por unos juglares que bailan y cantan para alegrar a todos los vecinos que pasan por allí. Todo son alabanzas para los recién llegados. El tiempo se alarga más que nuestros cuerpos y el descanso se convierte una obligación. Los 4 nómadas errantes, duermen y comen hasta que sus fuerzas vuelven a quedar como su ilusión: intacta. Fue en aquel lugar, dónde el niño que manejaba nuestro destino se desvaneció y entró en el letargo del inocente, del modesto, del que sabe que ha disfrutado toda la jornada y que merece soñar toda la noche. Una noche que será tan corta o tan larga como un suspiro en medio del desierto. Una noche de risas y cánticos, de esperanzas perdidas y anhelos encontrados. Una noche que termina cuando la penumbra desaparece y las mujeres de coloridos vestidos comienzan el duro trabajo que les aguarda implacablemente jornada tras jornada. Con un futuro incierto o, ¿quizás demasiado cierto? Una reflexión efímera, que recorre nuestras antagónicas mentes del primer mundo. Una mirada al suelo, antes de proseguir con el camino nosotros mismos nos habíamos marcado.
Un joven asceta nos esperaba subido en una enorme alfombra marroquí. Era el momento de seguir viajando con la imaginación que nos alimentaba aquel remoto lugar. Sin tiempo de creer en la realidad, los cuatro locos que nunca estuvieron cuerdos, subieron al tapiz mágico que ellos mismos habían deseado... Y volaron toda la fría noche con el único abrigo que les dejaba el calor de sus corazones. Sobrevolaron casas de barro, bosques de palmeras y ríos de escaso caudal. Desde arriba podían verlo todo; divisaban niños jugando al fútbol sin pelota; mujeres acarreando voluminosos hatos de sucia tela; hombres rezando a un dios de arena. Todo parecía tan lejano... En lo alto de las nubes, todo parecía fantasía; pequeños personajes moviéndose como hormigas en un escenario de teatro. Estaban actuando para nosotros; el sufrimiento era solo fruto de un guión que un ser de otro tiempo había escrito tras haber perdido la vida. Todos eran actores secundarios de un drama con un título demasiado triste; aunque ni el título ni la trama importaban, pues desde nuestro refugio aéreo los llantos no se oían y las suplicas se perdían como se pierden las lágrimas bajo la lluvia. Preferíamos mirar hacia las estrellas que creer que lo que había bajo nuestros pies era fruto del olvido más absoluto... Pero la Diosa empezó a recordar quien era; y ella nos lo recordó a nosotros... le ordenó al guía que descendiera hacia aquel infierno terrenal y que buscara una casa alejada de la piedad. Nos quedamos observando cerca de un pedregoso camino de tierra; esperando ver la risa de algún niño; pero allí los niños no han aprendido a reír; no saben lo que es la felicidad, ni el cariño y mucho menos el amor... Un amor como el que desprendían las dos integrantes femeninas de aquella expedición imprevista. Un amor que regalaron a los harapientos muchachos que buscaban un poco de comida para que el día se pasara un más rápido. Dulces y caramelos les hicieron evadirse de aquel desértico paraíso. Por un momento viajaron con nosotros al elevado trono de la tranquilidad, de la paz, del regocijo... mis ojos se llenaban de lágrimas y mi garganta gritaba hacia dentro al contemplar tanta injusticia; al ver tan de cerca a los que no tienen nada, al pensar como podría encontrarse un semejante de esos chicos en el primer mundo del que desgraciadamente procedíamos: deseando solo lo material, buscando mil maneras de engañar a su cuerpo con falsos placeres... embriagándose hasta vomitar en un segundo el alimento que estas personas ingerirían en un año. Una justicia caprichosa, ignorante y malévola. Una justicia que me llenaba de rabia y de impotencia. No quería hablar para no perderme ni un ápice de lo que allí estaba ocurriendo; para que no se me olvidara que hay que luchar contra los que reniegan de la suerte que les permite vivir tan lejos del dolor. Un dolor que estaba corroyendo mi corazón, que acababa de golpear violentamente mi alma. Hice una foto en mi mente, de la sonrisa de uno de los niños reflejada en los brillantes ojos verdes de aquella que fue diosa y que ahora es sierva. Cogí su mano y sentí paz; entendí que un pequeño gesto puede regalar un atisbo de esperanza para los que han sido desheredados. Comprendí por qué ella había querido bajar y comprendí lo que con su acción había conseguido demostrar. La besé y besé las manos de todos aquellos niños. Pedí a todos los dioses por ellos y monté con el resto de los viajeros a lomos de aquella alfombra fantástica que debía llevarnos a un lugar demasiado cerca de la realidad... Una realidad ancestral y remota con nombre árabe: Ait-Ben Hadou. La gente de Ben Hadou. Una ciudad amurallada donde nuestro imaginario vehículo nos deposita para no volver a llevarnos nunca más. Solitarios y temerosos entramos en la otrora capital de la región. Un puñado de ancianos nos dan la bienvenida y nos invitan a experimentar un viaje imposible al pasado. Entre las ruinas y los animales de granja, se divisa una nube que se aproxima a nosotros a una velocidad de vértigo. Sin tiempo para reaccionar nos engulle y nos tumba sobre el polvoriento suelo de la aldea. Solo ha pasado un segundo, pero estamos demasiado lejos de la época en la que nacimos; muchos siglos más lejos... Nuestros ropajes son iguales que los que llevan los habitantes del poblado; entendemos el lenguaje berebere y nadie nos mira como extraños. No logramos salir de nuestra sorpresa, pero en vista de como se estaban desarrollando los hechos, tampoco nos mostramos contrariados. Nos dejamos llevar por el entorno; un entorno ancestral, dónde los burros caminan tranquilamente por la calle y las mujeres fabrican aceite machacando almendras. Las casas están construidas con adobe y los mercaderes pueblan las plazas y las tiendas de enseres. Sentíamos infinita curiosidad por ver como vivían aquellas personas, por eso, nos internamos en una de aquellas casas de barro. Tenía dos plantas y varias habitaciones. Alguna de ellas bastante peculiar, como la que contenía un horno para asar alimentos. Alimentos que, a pesar de no abundar, nos eran ofrecidos por aquella hospitalaria gente. Un té de menta o un jugoso plato de Tajine con pollo, verduras, cordero... Cualquier cosa que se pudiera calentar en aquel cono invertido; cualquier cosa menos cerdo. Este animal estaba estrictamente prohibido por la religión musulmana. Quizás por las enfermedades que se transmitían en aquella época, quizás por superstición. El caso es que no se echaba de menos ante la gran variedad de comida que se cocinaba por aquellos lares. Con el estomago lleno y los ojos emocionados, buscamos la escapatoria de aquella fortaleza; de aquella época. Nos dirigimos a la entrada, pasando por el cementerio; un gran campo repleto de piedras; y en cada piedra un hombre. Al menos eso nos cuenta un joven nómada que nos encontramos en la posada. Necesitamos información y la Diosa le pregunta a aquel chico por la ansiada salida . Sin embargo, las mujeres no están muy bien consideradas y el hombre toma este atrevimiento como un insulto. Iracundo arremete contra el grupo en busca de una disculpa; una disculpa que no llegará por nuestra parte, pues no consideramos que le hayamos hecho ningún agravio. Esto le enfurece aún más y saca una enorme cimitarra con el fin de agredirnos. Asustados, corremos “desenfrenadamente” intentando escapar de aquel tiempo. Una gran puerta abierta en la muralla norte, parece que es nuestra única esperanza. Pero, una vez fuera del muro, un caudaloso río nos bloquea el avance; detrás de nosotros un grupo de moros armados y gritando improperios. No había elección, debíamos traspasar el río. Cogimos impulso y nos lanzamos al agua; sorprendentemente, podíamos caminar sobre ella. Sin detenernos a meditar sobre este hecho, seguimos corriendo hacia una tupida selva de palmeras. La noche se nos echaba encima y estábamos perdidos en una época indeterminada, con un grupo de extremistas pidiendo nuestras cabezas. La cosa no pintaba bien... “Pshhh, pshhh, por aquí” Una voz con acento francés nos llama desde dentro del bosque. Un viejo berebere nos hace señas para que le sigamos; sin mas opción que esa, le acompañamos hacia lo desconocido. “Me llamo Mohamed. Yo os ayudaré” El hombre nos muestra cuatro camellos y nos hace señas para que subamos. Él nos guiará por aquellas tierras. Sin apenas ver nada, lentamente, nos desplazamos al pausado ritmo que nos marcaba el cuadrúpedo. De nuevo estábamos en el presente... su presente.
Las palmeras hace horas que desaparecieron y ahora es arena lo único que se divisa. Estamos lejos de nuestra casa; de nuestra familia. Ahora el hogar son 4 dóciles animales que nos llevan a un lugar indeterminado. De repente, una tormenta nos ataca sin piedad. Todo esta blanco y apenas puedes mantener el equilibrio sobre el dromedario. Las fuerzas comienza a fallar y el hambre se hace fuerte junto a la sed. Nuestro destino es igual que nuestra vida: incierto. La calma vuelve y una suave lluvia comienza a caer sobre nuestros rostros. Pequeños muchachos aparecen para buscar un regalo que les alegre el día; o quizás la existencia. Un simple bolígrafo, mordido, que lloraba en un rincón de mi cosmopolita morada, fue mi aportación a la ilusión de uno de esos niños. El chaval, salió corriendo repleto de júbilo; imaginé entonces como sería la vida de aquel bolígrafo a partir de ahora. Ya no estaría relegado a permanecer en un bote de bebida, junto con otros de su especie, deseando que el azar le eligiera a él para escribir en una nota de supermercado. Ahora sería el protagonista de los sueños de aquel muchacho; estaría todo el día dibujando anhelos infantiles y jamás acabaría en el fondo de un cubo de basura... Aunque perdiera toda su tinta. Era como una metáfora de las vidas de cada uno de nosotros. Teníamos que buscar una meta, un sentido lejos del materialismo que gobernaba nuestras ciudades. Debíamos encontrar a alguien a quien nuestra sola existencia le llegara de gozo e ilusión. Cada vez más cansados y más reflexivos, con el cielo negro zaino y la luna plata brillante, buscábamos en el horizonte el lugar donde nos dirigía aquel árabe. No podía ser otro que aquel campamento que se divisaba cercano a una hoguera providencial. Las enormes haimas de piel de camello formaban un círculo perfecto alrededor del fuego. Extasiados y expectantes, bajamos de los camellos para entrar en la tienda de Mohamed. Vistosos colores nos dan la bienvenida en aquella oscura noche. Enormes sofás de cuero rodean toda la estancia. Una estancia cálida en medio del desierto, en medio del gélido crepúsculo que nos había acompañado buena parte del viaje. Era el momento de caldear nuestro cuerpo y nuestra alma. Teníamos que dejarnos llevar, que desudar nuestros sentimientos al lado de aquel desconocido. Nos descalzamos y cerramos los ojos. Nos cogimos de la mano y nos pusimos a bailar las canciones bereberes que entonaba aquel nómada del destino. Salimos de la tienda y miramos hacia las estrellas. Embriagados por el humo del hachis que acabamos de quemar caminamos sin rumbo por la nada más absoluta. Sin miedo a perdernos; sin miedo a perder todo lo material que teníamos en el primer mundo. Allí nada de eso servía; y sin embargo no estábamos tristes, sino mas bien todo lo contrario. El dolor apenas se sentía y las sensaciones era extremadamente intensas. La Soñadora solo quería llorar, el Vagabundo quería un beso de la Diosa; la Diosa quería estar sola y el Ganador Perdido estaba a punto de encontrarse. Con la noche cada vez más lejana y los cánticos cada vez más confusos, todos nos volvimos sombras entre las dunas. Las haimas nos fueron atrapando y nos engulleron en una ficción de la que era imposible escapar. La Diosa la final besó al Vagabundo y le regalo una isla entre sus brazos; la Soñadora dejo de soñar para dormir con el Ganador que ahora estaba más perdido que nunca. Y entre tanto ajetreo, la música fue mezclándose con el sonido del viento hasta desaparecer al ritmo que le marcaba el sol... El mismo ritmo que me hacia cerrar los ojos hasta perder el conocimiento; hasta olvidar todo lo conocido; hasta convertirme en un minúsculo grano de aquel inmenso desierto. Así estuve un segundo o un siglo; con la tranquilidad del que lo tiene todo porque no necesita nada...

...de repente, vi la puerta entreabierta con la primera luz de la mañana; mis ojos aún cegados por el sueño, no distinguían las imágenes; ni el día de la noche, ni la muerte de la vida. Pero lo que si sabían era que habían presenciado algo de increíble pureza y de incomparable humanidad. Tan lejos de lo que creemos nuestro, pero tan cerca de lo que pensamos que nunca ha existido...


Ait-Ben Hadou


Dentro de la casa


Detalle de la ciudad


Cruzando el rio


Con nuestros pequeños amigos


Plato de Tajine


Camellos nocturnos


Dentro de la Haima de Mohamed


Cantando en Berebere


El desierto


Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

sábado, 29 de agosto de 2009

Saint Tropez Twist (Epílogo)

El día 8 de Agosto abandonamos Marsella y así concluiría nuestra viaje por la Costa Azul francesa, ese día teníamos el vuelo a media tarde así que nos podíamos dar alguna vuelta más por la ciudad. Tras la sorpresita al dejar el hotel con nuestro impuesto por la limpieza de la villa de Marsella dejamos las maletas en la recepción y para no andar dando muchas vueltas fuimos a explorar el barrio donde estaba nuestro hotel Citadines Prado-Castellane que por la rue Roma es una zona también importante de la ciudad.

Recuerdo que había un mercado cruzando toda la avenida donde podías encontrar tanto comestibles como ropa, un mercado muy parecido a los típicos mercadillos españoles que estoy acostumbrado a ver por el centro de España, nada de mercado hippie tipo ibicenco donde nuevos pijos se aventuran a comprar unas gafas Rayban de sol pero de imitación y los muy tontos pagan 90 euros por ellas. Había mucha población árabe e incluso recuerdo ver carnicerias árabes donde no te venden cerdo, un desfile de ropa interior hortera, camisetas falsas de ídolos futbolísticos y olor fresco a fruta, queso y jabones de Marsella. Olvidé donde comimos pero fue por esa zona en algún restaurante y lo hicimos tempranito porque luego en vez de dar vueltas con la maleta para llegar al aeropuerto por la Gare de Sant Charles y tardar la propia vida cogeríamos un taxi y nos plantaríamos en la terminal cutre de los vuelos de low cost del aeropuerto Provence de Marsella. Ese día lo planteamos como un día tranquilo donde nuestro objetivo era llegar a Madrid sin agobios, Fosi al día siguiente trabajaba y yo al llegar a Madrid había quedado con Encarna para ir al Honky Tonk para ver el concierto de mis amigos de 'Hermana Morfina' y tenía el tiempo justo para llegar al evento, no queríamos más estrés del necesario.

Desde el hotel pedimos que llamarán a un taxi y a los 5 minutos lo teníamos en la puerta, lo del taxi también es digno de mencionar porque era un Peugeot viejo que ya quisiera estar mejor que muchos de los coches americanos de los años 50 que todavía se conducen por La Habana y un taxista con una pinta más que sospechosa, fumando, con las ventanas bajadas y por supuesto sin aire acondicionado. El aeropuerto está muy lejos y nos salió la broma por 43 euros que me dolieron en el alma porque encima fue un servicio más que pésimo, mis ganas por llegar a España se incrementaban por momentos. La terminal del aeropuerto ya os conté en otro anterior post era poco menos que un garito tipo Lidl donde no tuve ni reparos a cambiarme de camiseta del sudor que traía del taxi para ponerme otra limpia en pleno pasillo. También nos la liaron en la facturación los de Ryanair porque no podíamos llevar más de 16 Kg de peso en la maleta y tuvimos que abrirlas y meternos cosas en la mochila, la experiencia en ese aeropuerto fue un poco horrorosa pero bueno, el vuelo salió a su hora y en un ratillo aterrizaríamos en Madrid con la visión de que vivimos una buena experiencia y consigo traíamos en nuestras mentes un montón de información y vivencias dignas de recordar donde dos años después todavía me acuerdo y he podido plasmar en este blog.

De todo este periplo por la zona sur de Francia me quedo con un detalle muy importante que me ha servido luego después para ver la dualidad de las cosas y que en esta vida nunca llegaremos a lo más alto pero también es verdad que no estamos ni mucho menos en lo más bajo en cuanto a escalas sociales. Este pensamiento se produjo en el hecho de ver la variedad de escenarios que observamos durante estas vacaciones donde estaba el término medio en Niza donde ni había un lujo exagerado y su población vivía dentro de una relativa calma, luego estaba el despilfarro exacerbado de Cannes y Saint Tropez donde sólo unos pocos podían participar de ese ritmo frenético económicamente y era la eterna 'Dolce Vita' que Marcelo Mastroianni soñaba en el relato de Federico Fellini y por último estaba la gran pobreza que me causó la gran metrópoli que es Marsella, una sorpresa muy desagradable para mi porque estando a apenas una hora y media de Cannes y el propio Saint Tropez eran dos mundos totalmente diferentes con una desigual social bastante preocupante para estar en el mismo territorio. Una experiencia muy gratificante todo este viaje donde por última vez doy las gracias a Fosi y a Carlitos porque realmente me lo pasé muy bien con ellos y espero que no sea la única vez que me de una vuelta por el mítico Cafe Senequier de Saint Tropez, que pise la alfombra del Palacio de Cine del Festival de Cannes y que vaya al mercado de las Flores de Cours Saleya y por la Place Massena de Niza, todos sitios fascinantes de esta bonita zona del Mediterráneo.



De la tranquilidad proletaria de Niza en sus especias.



A los lujosos yates del puerto de Cannes y Saint Tropez.



Y terminando por las obras en pleno centro de Marsella que ni los monumentos se libraban de los graffitis por parte de los gamberros.


Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

sábado, 22 de agosto de 2009

Saint Tropez Twist (Día 7)

Como dije en el anterior post en nuestro último día en Marsella nos íbamos a poner nuestro traje de turistas para dar una vuelta por la zona del Vieux Port más alejada y poder aprender un poco más de la ciudad marsellesa. Por la mañana nos dimos un paseo por la zona de la Prefectura y fuimos a comer algo, el calor era sofocante y por lo menos acertamos a ver por fuera el museo Cantini y el Palacio de Justicia que como siempre y odio repetirme eran muy bonitas las fachadas pero alrededor todo estaba bastante desastroso, Marsella fue una ciudad que me decepcionó profundamente porque es un sitio con historia, grandes edificios, una ciudad porturiaria que podría ser la exquisitez de la zona sur de Francia y sin embargo es una ciudad desastrosa, sucia y mal cuidada, cosa que me parece una pena. Lo comparaba un poco con la Barcelona pre-olímpica donde muchos barrios estaban muy descuidados y no había inversión en la ciudad y es una lástima porque son sitios con cultura, cuna de grandes artistas y se convierten en ciudades abandonadas a su suerte.

Ya con nuestros estómagos llenos al lado del Palacio de Justicia nos encaminamos a través de la archiconocida Place Thiars a la Quai de Rive en el también archiconocido Vieux Port y al fondo teníamos los monumentos más importantes de Marsella, además siguiendo ese camino se llega a las playas de la ciudad que nunca llegamos a pisarlas. Nos adentramos en el casco histórico de Marsella donde uno se siente como una película francesa de los años 30 ó 40 y que le persigue la mafia marsellesa, primero encuentras unos teatros sin subir cuesta alguna (Theatre Badaboum, Theatre Off y por último el Theatre National de Marseille, La Criee) y luego subiendo por las calles empedradas hay alguna galería de arte y una iglesia que luego descubrí que era la Abadía de San Víctor. Esta primera zona me gustó porque era un pequeño Niza como la zona de Cours Saleya pero un poquito más feo pero aún así encantador.

Siguiendo por la cuesta llegamos hasta el Fuerte de San Nicolás que era una fortaleza que construyó Luis XVI para defenderse de los propios habitantes de Marsella ya que desafiaban el poder real. Cuando estalló la Revolución el pueblo se encargo de que los cañones ya nunca más apuntaran hacia los propios marselleses. El sitio es muy interesante y vistoso porque ya observas los acantilados de la ciudad y estás como en otra ciudad mucho menos bulliciosa y con unas vistas naturales espectaculares. Eso si, te hartas a subir escalones y cuestas empedradas pero la visita al lugar merece la pena. Además después de salir del Fuerte de San Nicolás tienes relativamente cerca los jardines du Pharo donde se encuentra unos de los castillos más bonitos de Marsella, el Club Naútico y el Palacio de Congresos EuroMediterráneos. Cerca de los jardines están las mejores cadenas hoteleras del mundo, pudimos observar un Radisson donde en la azotea se bañaban unos clientes, una zona ya incluso alejada del Vieux Port donde el turismo era de otra calaña.

Con nuestro traje de turista era obvio que por la zona del Chateau (Castillo) nos encontráramos a muchos japoneses haciendo fotos y la verdad es que los jardines nos aliviaron mucho el calor que estaba haciendo ese 7 de Agosto en Marsella. Al otro lado del puerto se veía el fuerte de San Juan y la catedral de Marsella, que es un monumento grandioso y muy interesante pero para ir al otro lado teníamos que dar una vuelta impresionante y tras lo del Fuerte de San Nicolás, más la Abadía de San Víctor y los jardines du Pharo era suficiente por esa tarde. Tranquilamente nos sentamos a tomar una cerveza en los jardines y al fondo veíamos los barquitos del Vieux Port y la Catedral, una joya arquitectónica sin lugar a dudas.

Sin tener mucho respeto por nuestra vida bajamos de los jardines a una de las carreteras de entrada a Marsella cerca del Fuerte de San Nicolás para encaminar así nuestros pasos hacia el metro en Vieux Port y así poder llegar al metro Perier y poder arreglarnos en el hotel un poco antes de salir a cenar por última vez en la ciudad. Como era temprano aún para ir a Perier en el Vieux Port fuimos a dar una vuelta para encontrar algún sitio y tomar algo que la sed era tremenda. Allí encontramos el peor bar del mundo donde he estado jejejejeje. La camarera era una mujer mayor, delgada, rubia teñida que sino recuerdo mal llevaba pantalones de trigresa, en las mesas estaba una mujer anciana que supusimos que era su madre con una pinta que la España Cañí es poco para lo que era esta mujer, con moño incluido, otra mujer mayor fumando un porro. Había un ciego medio borracho con un perro y la decoración del bar era kitsch a más no poder, con posters de los 70's y las paredes rosas. Yo le decía a Fosi que era un bar surrealista y porque David Lynch no sabía de su existencia que sino lo ponía como escenario en alguna película suya. Me tomé mi martini rosso y con mi poco francés intenté comprender lo que nos decía nuestra amiga la camarera pero ni jota acerté a saber lo que nos quería contar. Antes de ir para el hotel como Fosi estaba muy pesaico con ir a un cabaret le metí por una calle donde digamos que se asustó con algunas mujeres de moral distraída, en una parte de la Rue Saint Saens no paraban de decir, monsieur y con la mano te querían atraer hacia ellas, claro, este no se lo esperaba y pegó un bote que no veas jejejeje.

Para la noche, como no, elegimos otro restaurante para cenar cerca de la Place Thiars, era un restaurante alemán que nos pusimos de carne hasta arriba pero lo que más recuerdo del sitio era el dueño y la que suponemos era su mujer o una amante. Otros dos personajes que podrían entablar una bonita amistad con la camarera del peor bar del mundo. Él gordo con gafas de sol y pelo engominado hacía atrás, camisa blanca de manga larga y una pinta de mafioso que tiraba para atrás con sus canas arregladas, enfrente la señora, de avanzada edad pero bastante cuidada, enjoyada y con un vestido largo. Se comieron una mariscada y mientras el dueño controlaba absolutamente todo, a los camareros les indicaba si alguien había pedido la cuenta o incluso alguna vez se levantaba a atender a alguien. Mientras tanto la mujer esperaba pacientemente. Nosotros comentábamos que la mafia en Marsella ha sido bastante célebre y que porque no ese tipo podía estar dentro del clan.

Tras nuestra copiosa cena pues tomamos una copichuela pero esta vez cerca del irlandés no en el propio irlandés y como tras la caminata que nos habíamos dado ese día el cansancio hacia mella pues nos fuimos al hotel que había que hacer las maletas que al día siguiente volvíamos a España. Por la Castellane vi de nuevo la Luna, no era tan bonita y clara como en Saint Tropez pero estaba alegre y con ganas de volver a Madrid ya que las vacaciones continuaban y tenía planes por delante. En unos horas dejaríamos Marsella y terminaría un viaje inolvidable.



Vieux Port cerca del Palacio de Justicia.



Palais de Justice.



Musee Cantini.



Fuerte de San Nicolás.



Abadía de San Víctor.



Palais du Pharo.



Fuerte de San Juan.



Catedral de Marsella.


Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.