sábado, 12 de julio de 2008

Lost In Iceland (Día 3)

El martes por la mañana nos levantamos con el ánimo de que las nubes desapareciesen y el caso es que sí que teníamos motivo de ilusión porque hacía mejor tiempo y en la televisión islandesa el pronóstico del tiempo era más halagueño, por cierto que la televisión de allí era como de otro mundo, ponían mucho curling, hablaban de balonmano y la programación era hasta la 1:30 de la madrugada, después ya cortaban la emisión, menos mal que allí también ven las televisiones extranjeras, uno de los motivos por el cual toda la población de allí se defiende perfectamente en inglés. Incluso sabían palabras españolas.

Como el día anterior ya habíamos dado muchas vueltas por el distrito 101 decidimos que lo mejor era aventurarnos y salir a la periferia de Reikjavik y ver lo que se cocía, total con lo seguro que es el sitio nada nos podría pasar. Nos encaminamos por unas cuestecillas y en 10 minutos ya estábamos en el distrito 104 donde visitamos una iglesia que el edificio era poca cosa para las escaleras de la entrada eran bastante atractivas, a lo lejos veíamos un complejo de una cúpula con cuatro columnas que nos indicó Alfonso que allí había cosas para ver. Así que para allá nos encaminamos. Al estar a campo abierto el frío que pasamos fue considerable pero ya no íbamos a dar marcha atrás y por caminos poco practicables llegamos a nuestro destino.

Resultaba que era una especie de mini centro comercial pero no como los que conocemos en España, en este por ejemplo por fuera había unas estatuas de unos soldados que eran un homenaje al soldado desconocido. Dentro teníamos un museo de los vikingos que tenía pinta de ser un poco chapucero y para 2000 pesetas pues no me apetecía y arriba del todo había un mirador desde el cual al estar en un elevado podías observar una bonita vista de la ciudad de Reikjavik enterita, se divisiba perfectamente la iglesia ortodoxa que el día antes habíamos visitado. Lo curioso es que a nuestras espaldas estaba el pequeño aeropuerto de Reikjavik !!! Habíamos llegado andando a prácticamente al aeropuerto de la ciudad !!! No es un aeropuerto comercial propiamente dicho, es más bien para uso doméstico y nos enteramos que para allá vuelas a las islas Feroe. No pudimos aguantar mucho rato en el mirador porque sino te quedas como un poco congelado. Dentro en la cafetería del centro comimos unos bocadillos muy tranquilamente y David se echó su café de rigor que bien le vendría para hacer el camino de vuelta.

Teniendo como guía la iglesia de la ciudad hicimos el camino de vuelta que pasamos por una especie de polígono que allí no pasaba ni el tato, después tuvimos que bordear un puente para ya por fin llegar a lo que es la ciudad y resulta que acabamos al lado del edificio de la Universidad de Reikjavik, no había mucha vidilla por allí, supongo que estarían de vacaciones. Por fin, encontramos un mástil con la bandera islandesa y ya pudimos hacernos unas fotos que es lo que ya se está convirtiendo toda una tradición en nuestro viajes, hacernos una foto a contrapicado con la bandera del país que visitamos. Si bordeas la Universidad sales por la parte de atrás de lo que es la iglesia y entonces ya estábamos en calles conocidas por nosotros del distrito 101. Como ya era por la tarde bien entrada pues nos acordamos de nuestro amigo escocés del Bushmills y fuimos a verlo un rato para soplarnos algo. Después pasamos por el Kaffi Amsterdam y llamamos al hotel con la esperanza de que nos dijeran de que hoy sí que íbamos a ver la aurora boreal, nos dijeron que no y un poco decepcionados nos encaminamos a casa para cambiarnos y pensar en otro plan alternativo. Antes de llegar al hotel pasamos por el 24 horas que hay en Verstugata para comprar alguna cosilla ya que teníamos cocina en el hotel.

Se nos ocurrió que el día antes habíamos visto la oferta de buffet libre de pescado del Kaffi Reikjavik, así que podríamos darnos un homenaje allí de manjares islandeses y luego después pasarnos por el concierto que se celebraba del festival de jazz de la ciudad. Recuperamos otra vez el ánimo y bajamos Laugavegur para llegar a Vesturgata y cenar en el restaurante de esté café, en el trayecto se nos pararon unos chicos holandeses y nos preguntaron donde estaba un irlandés al que el día anterior habíamos ido nosotros, así que los acompañamos, ya en el Kaffi Reikjavik nuestra amiga camarera polaca enseguida nos reconoció del día anterior en el bar de hielo y nos dió mesa para tres. Dentro del buffet pues tenías salmón, que a mí nunca me ha gustado pero ese me encantó, había pasta de acompañamiento, pasteles de pescados que no podría decir cuales son y muchas gambas. Los postres también eran bastante golosos y luego metimos la pata porque nos fuimos a por los licores y eso no se incluía en el precio. Nos pillaron la tercera vez que fuimos y nos cobraron sólo una consumición, es lo que yo llamo que nos saltó la alarma antipaletos pero que en ningún momento me arrepiento porque mucho buffet libre pero atención a la broma del precio, 7000 pesetas por cabeza, de nuevo seguíamos batiendo records en la isla.

La mayoría de los conciertos del festival de jazz eran en el hotel Nordica pero al concierto que nos dirigiamos nosotros era un otro garito, creo recordar que era el Babalú porque la calle era Skolavordustigur, menos mal porque el hotel Nordica nos pillaba un poco lejos y este sitio estaba muy cercano al hotel. El precio del concierto fue de 2000 pesetas, razonable para los precios que estábamos sufriendo durante nuestra instancia y es que por lo visto en Islandia el IVA es del 24.5%. La sala tenía muy buena pinta y era acogeradora, mucho cultureta se podía observar por allí y mucha rubia islandesa que te dejaba con la boca abierta. La música del concierto estuvo bien pero tratándose de blues y jazz en mi caso enseguida me harto pero aguanté todo el concierto, mis compañeros 20 minutos antes de acabar se fueron para hotel. El caso es que me dieron allí la 1:30 de la madrugada y estos se fueron para el hotel por el motivo de que al día siguiente teníamos una excursión contratada que partíamos del hotel a las 7:30 de la mañana y querían descansar un poco.

Yo me subí a casa sólo por Laugavegur y apenas había un alma por la calle en este martes santo, miraba al cielo y seguía sin poder ver la luna, otra vez algo triste por ese hecho pero en cuanto pasé a la habitación se me olvidó todo, ver a Alfonso haciendose unas tiras de bacon (que era carisimo) casi a las 2 de la madrugada me hizo gracia, por lo visto el buffet tan barato de pescado que horas antes nos habíamos comido en Kaffi Reikjavik no le había gustado mucho y quería comer. Al día siguiente todas nuestras dudas y temores se despejarían.



Calle Laugavegur. Calle Central.



104 Reykjavik.



Centro comercial.



Monumento a los caídos en la II Guerra Mundial.



Universidad de Reykjavik.


Con la iglesia nos topamos.



101 Reykjavik.


Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Lost In Iceland (Día 2)

Tras nuestra incursión nocturna en el Sirkus y haber descansado bastante que ya lo íbamos necesitando el lunes nos tomamos un día tranquilo para ver la ciudad de Reikjavik. Este lunes, primer dia del mes de Abril se supone que por la noche, a las 7:30 nos iria a recoger el autobús de Iceland Excursions para ver la aurora boreal o como dicen alli the northern ligths pero tal como había relatado en mis dos entradas anteriores el cielo nublado impedía ver las luces, así que la excursión fue suspendida hasta que el tiempo no se aclarase, hasta el jueves teníamos nosotros de límite.

Nuestra primera excursión por la ciudad (que no es un bar, que seguro que ya lo estábais pensando je, je...) fue a la iglesia ortodoxa de Reikjavik, está en la parte alta de la ciudad, y es una iglesia muy fea para que nos vamos a engañar, tiene forma de órgano con cada uno de sus tubos y dentro hay un órgano gigante, enfrente de la iglesia hay una estatua del descubridor de EEUU, un tal Eriksson, que por cierto paso a explicar como van los nombres en este país, es muy curioso. Eriksson es el hijo de Erik que le añade la partícula -son que es hijo. Asi por ejemplo si este tipo se llama Magnus Eriksson pues el apellido del hijo que tenga es Magnusson, y si tiene una hija sería Magnusdottir porque para las chicas se pone la partícula -dottir, y no están que si segundo apellido y con complicaciones varias. Así nos pasaba a nosotros cuando pagabamos con tarjeta, siempre nos preguntaban que si que los españoles teniamos 3 nombres, la de veces que tuvimos que explicar la historieta y además lo flipaban, diciendo, pues si que se complican estos.

Recorrimos después toda la calle Laugavegur para ver los comercios y empezamos a notar un sonido que nos seria muy familiar durante los días de estancia allí, cuando pasaban los coches como con un run run de apartar tierra, claro, mirábamos siempre al piso para ver que pasaba pero estaba limpio y es porque las ruedas en los coches allí llevan clavos y el contacto de los clavos con el asfalto produce ese ruido. Bajamos por una calle adyacente a Laugavegur y allí teníamos enfrente de nosotros el océano Atlántico y había al lado del mar una escultura como de un barco pero hecha con tenedores gigantes, una horterada bastante importante pero ya que estábamos pues nos hicimos las correspondientes fotos. Pasear por el distrito 101 (distrito centro) de Reikjavik sino hace mucho frío es un placer, te encuentras con un montón de grúas construyendo, carteles de sex shops, antros nocturnos de mala muerte que de día dices que ahí ni loco pasas y sobre todo lo curioso es la tranquilidad de sus calles, tu te podías meter en el jardín de una casa particular que nadie te iba a decir nada, allí no hay robos. En nuestra querida calle Laugavegur la tienen decorada para los visitantes, te podrías encontrar una bicicleta colgada del hilo de la luz, las casas tenían grafittis y te encontrabas muchos carritos de bebés porque allí los islandenses empiezan a trabajar muy pronto y también se casan a temprana edad. En Reikjavik no es nada raro ver a una chica de 22 años con un crio.

Nos quedamos a comer en esta calle y esta vez fuimos a un italiano normalito, ya era un poquito tarde y no era cuestión de estar dando vueltas y que al final estuvieran todas las cocinas cerradas, recuerdo que después de comer compré hojas de té que aún no he probado y luego después encontré un estanco, aleluya, ahora ya solo el tabaco me costaría 1000 pesetas del ala. Bajamos a la zona de Vesturgata para verlo con más detenimiento y allí se encuentran dos de los edificios más importantes de la ciudad, el Kaffi Reikjavik, que más adelante explicaré que es y el hotel 101 que se encuentra en Hverfisgata 10, que hotel más bonito, es como una casita de madera muy mona y allí es donde se alojan las principales personalidades que han estado en Islandia. Como ya estábamos algo helados por el frío y Kaffi Reikjavik estaba cerrado pasamos a tomar algo a un irlandés que había al lado. Tranquilamente relajados tomamos unos cafés irlandeses y otros pintas y Jameson, ahí de buena tarde ya soplando del frasco.

Seguimos nuestra excursión por la ciudad y llegamos a una zona de patos donde había como una especie de teatro, era una plaza muy bonita donde luego descubrimos que ahí está la sala Nasa, ya el frío te iba haciendo mella y descubrimos un garito de un escocés que nos gustó un montón, muy cerca del parlamento y de donde la noche anterior nos habíamos comido las langostas. Era un tío muy campechano y de ahí conocimos lo bueno que está el whisky Bushmills. Se acercaba la hora de la excursión y fuimos para el hotel a ver que pasaba con la consiguiente desilusión que nos llevamos.

Ya que no había nothern ligths pues nos dijimos que mejor seguir pimplando y bajamos otra vez a la zona de Vesturgata, me tomé un Manhattan en el Kaffi Paris y ya por fin vimos que estaba abierto el mítico Kaffi Reikjavik, este café es famoso porque tiene un bar de hielo dentro del propio café, así que a ello nos fuimos. Tardaron tanto en pasarnos al bar de hielo que a David le dio tiempo a subir al hotel para coger su cámara de fotos. Una vez dentro nos sirvieron una bebida roja que nosotros en plan cachondeo decíamos que nos habian puesto una zarzaparrilla, nos grabamos con las cámaras, nos sentamos en los bloques de hielo y la camarera que era de Polonia nos preguntaba que como éramos capaces de aguantar allí el frío siendo del sur de Europa, fue bastante divertido. Por cierto que la broma de la zarzaparrilla fueron 1400 pelas por barba, esto era una constante en el viaje.

En unos de los hoteles de la ciudad ese lunes se celebraba un concierto porque durante estos días se celebraba el festival de jazz de Reikjavik pero ya era muy tarde y ni siquiera habíamos cenado, lo dejamos para otro día. Esta vez ya cenamos en plan económico y fuimos al garito de kebaps para picar algo que ya con tanto alcohol no era plan de estar con el estómago vacío, nos quedamos con la copla de que en el Kaffi Reikjavik había un buffet de pescado que ya visitariamos otro día.

Nos fuimos a tomar la penúltima como se dice en estos casos y acabamos en un bar super raro, lleno de gente mayor y con tableros de ajedrez con fichas incluidas pegadas al techo de la pared. Molaba el sitio un montón porque era el auténtico bar de losers donde ponían buena música, la gente no te molestaba y con los tableros de ajedrez recordamos que el campeón mundial Bobby Fischer vive allí en Islandia. Tras terminar en el bar este desfilamos hacía el hotel y estaba un poco triste, no conseguía ver la luna de Reikjavik porque estaba nublado y la aurora boreal era una incógnita que nos quitaba el sueño.



Indiana Jones de misión en Reykjavik jejejeje.



Eriksson y la iglesia ortodoxa.



101 Reykjavik.



Hotel Reykjavik.



101 Reykjavik.



Ice Bar.



Así jugaba Bobby Fischer.


Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Lost In Iceland (Día 1)

Después de nuestra primera noche en Reikjavik brindando a las 4:30 por encontrarnos allí, fuimos para el hotel, al ratillo de estar acostados ya amaneció porque estando en Abril allí muy pronto se hace de día. Espero que alguna vez fuera de España encuentren el gran invento que son las persianas porque con las cortinas poco se puede hacer. El domingo precisamente no iba a ser un día tranquilo ya que antes de ir a Islandia ya contratamos unas excursiones para hacer por el país y el domingo teníamos la primera.

La empresa en cuestión es Iceland Excursions y escogimos nuestra primera excursión precisamente este día porque sólo la organizaban en sábado o en domingo y además nos pillaba bien porque la excursión comenzaba a las 12:30 y era una hora más o menos decente de poder levantarnos después de la juerga corrida la noche anterior. Iceland Excursions te recoje en tu mismo hotel, así que la comodidad estaba garantizada, el conductor fue muy amable con nosotros ya que no nos dió tiempo a comer, se lo dijimos y antes de ir a nuestro destino paró en un mini supermercado de las afueras para que pudiésemos comprar algo de comida que durante el trayecto nos comimos.

Las carreteras en Islandia son una pena y es debido porque este país es todo volcánico y para construir algo allí hay que armar una bastante gorda, de hecho te encontrabas grúas excavadoras por todo el camino, la impresión seguía siendo la misma del aeropuerto, paisaje árido como si estuvieses en una superficie lunar, seguíamos sin ver árbol alguno y cerca de nuestro destino ya no era carretera, era un camino de tierra rodeado de montañas negras y un paisaje de roca volcánica recubierta de verde musgo que era sorprendentemente fácil arrancarlo. Llegamos con nuestro vehículo hacía la cueva donde íbamos a hacer espeleología, nuestro guía nos dio nuestros trajes naranjas "Guantánamo", nuestros cascos y nuestras luces para encaminarnos hacia la grieta donde comenzaba el descenso a la gruta.

Nuestro guía se puso muy contento al descubrir que éramos españoles, decía que las cuevas de Nerja en Málaga son muy bonitas. La verdad es que no sé como lo hice porque después de la noche que nos pegamos con toda la resaca y sin apenas comer me meto por una gruta y ya me di cuenta para que era el casco, que por algunos recovecos había que incluso reptar ya que no había espacio. La anécdota que nos contó el guía fue que allí dentro había unos huesos de un cordero que se había perdido y nos los enseñó, nosotros hacíamos la coña de que esos huesos fijo que los había puesto allí los de Iceland Excursions para tomar el pelo a todos los excursionistas ja, ja, ja...

Después del esfuerzo de la espeleología había que relajarse y para ello nada mejor que ir a nuestro segundo destino, el Blue Lagoon que en islandés era Bla Lagoon, antes dejamos en sus hoteles a algunos excursionistas y recogimos a otros que se venian a este Lago Azul, a una chica tuvimos que ir a buscarla donde cristo perdió el gorro, vivía en una especie de granja de caballos y por allí todos los caballos sueltos. Además que el Blue Lagoon está lejillos, como a unos 100 km de Reikjavik.

Eso sí, el sitio es espectacular, de las cosas más bonitas que han visto mis ojos. Efectivamente como su nombre indica el agua es azul, es un sitio natural de aguas termales que lo han convertido en el orgullo islandés donde va todo el mundo a bañarse. La temperatura en el exterior era de unos 6-8 grados, así que imaginaros las ganas que teníamos de ponernos el bañador pero ahí fuimos y una vez que te metes en el agua te olvidas de todos los problemas que puedan existir, tienen una especie de barro gris que decían que era muy bueno para la piel, una cascada que era un gusto que te echabas aguas por los hombros. Había tambien una sauna tradicional vikinga y luego un par de saunas que una era de vapor como en plan turco y otra era más nórdica en plan modernillo. De vez en cuando hacían como un simulacro como que el volcán echaba vapor y estabas rodeado de montañas negras que daban un punto algo tétrico al lugar. La única pega que fue una constante durante toda la excursión es el olor del agua que tiene un tono totalmente de azufre debido a que ellos el agua la recogen de la actividad geotermal de la isla y de agua siempre están abastecidos, de hecho es lo único barato allí junto a la luz. Era un rollo ducharse en Islandia porque no olía nada bien y parecía que no estabas limpio.

Como anécdota del Lago Azul puedo contar que allí acuden muchas parejas a disfrutar del sitio y hay un personal del Lago que son como los socorristas pero que en el fondo son vigilantes para que ninguna pareja se pasé más de lo debido porque por lo visto ha habido algún caso, claro, el agua calentita y tu pareja allí dandote besitos pues enseguida alguno se ponía a tono ja, ja, ja... De hecho es que veías cada monumento por allí que ganas te daban de quedarte a vivir allí. Estuvimos 3 horitas en el lago relanjándonos y volvimos a Reikjavik de nuevo.

Como habíamos comido tan mal ese día debido a las excursiones nos decidimos dar un homenaje de gastronomía del país y que mejor en Islandia para comer, pues el pescado, en concreto el marisco. Cerca del parlamento islandés en concreto en la calle Bankastraeti está el restaurante Laekjarbrekka, todo muy cerquita de nuestro hotel bajando Laugavegur y al lado de la oficina de turismo islandés. El homenaje consistió en cigalas y langostas de la tierra tambien acompañadas por unas homónimas canadienses. Todo muy bueno y el sitio pijo a más no poder, un ambiente íntimo, muy silencioso con luz ténue y muy cuidado. La broma esta vez fueron creo recordar como 13000 pesetillas por barba, pero que muy bien gastadas. Al salir de allí decíamos que como siguieramos ese ritmo el martes no nos llegaba más que para comer kebaps.

Con el estómago relleno de marisco pues había que dar una vueltecilla y la verdad es que mucho frío no hacía, era aguantable y había algunos jovencillos por ahí también bebiendo, habría entre 4-5 grados. Dimos una vuelta por la plaza central de Reikjavik donde hay varios sitios que visitamos otros días, la zona de la calle Vesturgata es de lo mas chic de la ciudad. Laugeveur es la calle de las compras y Vesturgata es la zona de ocio y de encuentro. Acabamos muy cerca de nuestro hotel y eso porque el Barinn estaba ya cerrando y vimos el Sirkus que estaba abierto. Este bar es el sitio mas alternativo del país y es que es para verlo porque es muy cutre, es como una casa jamaicana desastrosa con dos plantas y todo desarreglado. Pues bien, allí se dan cita mucho de los músicos de Islandia, cualquiera día te puedes encontrar allí a Bjork, a un componente de Sigur Ros, a otro de Mum y diversos personajes de la cultura islandensa. He de reconocer que el sitio me gustó bastante, el DJ tuvo bastantes aciertos y alguna cagada y el ambiente me molaba bastante, las pintas más raras de Reikjavik te las encuentras en el Sirkus. Eso sí, los muy ladrones me sacaron 1500 pesetas por un paquete de Marlboro, mal negocio fumar allí.

Al salir de allí ya no veíamos a nadie por la calle y aunque todo tenía luz estaba cerrado (allí se dejan la luz encendida, total, no cuesta). Cruzamos la acera y subimos a nuestras habitaciones, todavía seguían las nubes y nosotros cada vez más temerosos de perdernos ver la aurora boreal, pero antes de dormir nos tomamos un jameson cola porque así se duerme muy bien porque en Laugavegur sinceramente con tanta tranquilidad se descansa estupendamente.



Allá vamos.



Gruta de Espeleología.



Paisaje volcánico.



Blue Lagoon.



Lago Azul.



Blá Lagoon (en islandés).


Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Lost In Iceland

Hola compañeros, tras una larga ausencia tengo por propósito este año 2008 contar todos los viajes que realizamos en 2007, nuestro primer destino es de los más exóticos de los que hemos estado en nuestras vidas, es Islandia, el país con la capital más meridional de Europa, Reikjavik. Un viaje que lo recordaré toda mi vida por la impresión que me ha causado el sitio.

Pero para empezar a relatar el viaje lo primero de todo y como es costumbre es mostrar mis agradecimientos y dar las gracias, en esta ocasión quiero dar las gracias y mostrar mi más sincero agradecimiento a Alfonso y David, porque hicieron que el viaje fuera agradable, estuvimos muy relajados y tranquilos y eso que el patio no andaba muy bien, pero esos 5 días en esa isla hicieron que fueramos amigos y que todos los pasasemos muy bien. Como podeis observar el título de los posts de este viaje se van a llamar 'Lost in Iceland', este título no es elegido al azar porque tiene su explicación. Primero porque no aprendimos nada de islandés, ese idioma es imposible de aprender, la única palabra que sé es Takk, que es Gracias y eso lo sé porque así se titula un disco del grupo islandés Sigur Ros y la segunda razón es que 'Lost in Iceland' es el título que le ponen a unas camisetas que se encuentran muchas en Reikjavik y que por lo visto está muy de moda allí.

Nuestra salida fue el sábado 30 de Marzo, para que te salga un vuelo un poco más barato a este país tienes que pasar una noche de sábado en Reikjavik y nosotros optamos por el sábado antes de la semana santa. El episodio de lo mal que lo pasamos en el aeropuerto de Barajas por cierto error al cancelarse billetes lo quiero pasar por alto porque esto es un blog para disfrutar de un viaje, solo advertir a la gente que lo lea que si alguna vez tiene un problema en Barajas acuda a Viajes El Corte Inglés, ellos tienen todas las conexiones de vuelo, el tío fue bastante eficaz con nosotros y montamos en un vuelo de British Airways destino a Londres para hacer la conexión allí con Iceland Air e ir rumbo a Islandia.

Una vez pasado el susto y llegar a Londres sanos y salvos allí nos encontramos con nuestro amigo David y en Heathrow pues que se puede hacer, pues tomarse unas pintas que de nuevo íbamos ilusionados a nuestro primer viaje por Escandinavia. En verano hay vuelos directos a Islandia pero durante el resto del año la conexión va a ser siempre con Londres, en concreto se pasa por el caos del aeropuerto de Heathrow. También es aconsejable pillar unas botellitas de alcohol en el duty free porque en Islandia el alcohol es muy caro y lo peor de todo, muy difícil de conseguir.

El vuelo con Iceland Air fue muy agradable y confortable, el avión te deja en el aeropuerto de Keflavik, cosa que es una putada porque está a unos 50 km de la capital y te ves allí a medianoche con tus maletas, un frío importante y lo que haces es pillar un taxi que nos costó la broma 18000 pesetillas de ná. Esto de las bromas va a ser una constante que iré comentando en sucesivas entregas, os vais a echar todos unas risas je, je... La primera sensación al salir del aeropuerto allí es indescriptible, te enfrentas a un paisaje lunar, desértico, sin ningún árbol y te crees que no estás en la tierra, hay mucho silencio y mirás al cielo temeroso porque estaba muy nublado y te dices que así es imposible ver la aurora boreal que teníamos programada para el lunes.

El hotel en Reikjavik estaba en la calle Laugavegur, un gran acierto por parte de Alfonso porque es la calle principal de esta ciudad, Reikjavik es la capital más pequeña de Europa, tiene apenas 180000 habitantes y nosotros que nos encontrábamos en la calle principal del shopping y el runtur (definición que utilizan los islandenses para mostrar sus cochazos) había casas y era todo muy pequeñito, nuestro hotel tenía tres plantas y era super coqueto, muy nuevo y muy bonito, ahí Alfonso estuvo muy acertado. Dejamos nuestras maletas y estando allí no íbamos a dejar de pasar la oportunidad de salir un sábado por la noche por esta ciudad, había oido mucha leyenda acerca de lo que era la juerga en Reikjavik pero no podía ni imaginar lo que allí pasa, es digno de vivirlo alguna vez en la vida.

Con un frío de narices nos fuimos a un puesto de perritos calientes que eran ya las 2a.m. y no habíamos probado bocado, previo paso por el cajero que allí se paga con coronas islandesas, todas las monedas de Islandia tienen la peculiaridad de que cada valor es un pescado distinto, ya que la pesca allí es la principal fuente de ingresos. La conversión nos resultó fácil, 1 corona = 2 pesetas. Bueno, dejemos de divagar y dar datos y vamos a la juerga. Los bares de allí son una auténtica olla a presión, las chicas te empiezan a pedir cigarros en español, los vikingos parecen fuera de si, bailas lo que haga falta, que si los Beach Boys, que si Franz Ferdinand, que si Kaiser Chiefs, la bebida parecia que volaba y los camareros llevaban aunténticas torres de vasos de pintas vacías. No se cabía pero daba igual, entraba más gente y no por orden riguroso de la cola, a empujones y luego lo gracioso es que dentro había mesas y sillas que dificultaban aún más que entrase gente.

La peregrinación fue por el Bar 11, donde la planta de arriba era imposible estar, hubo un momento donde no pisaba el suelo, el KaffiBarinn, bar en propiedad de Damon Albarn, cantante de Blur, todo indie cultureta del mundo que se precie tiene que pasar por ese bar donde se rodó la película '101 Reikjavik', bar 'Q' que es un irlandés cerca del Bar 11 que en la planta de abajo había actuaciones en directo, un grupillo estaba tocando versiones de Violent Femmes, Café Oliver que fue el primero que entramos e hicimos nuestro primer brindis en Islandia, fue el más tranquilito y con esto de tranquilo quiero decir que en este no hubo ningún nórdico hablándote con voz que te asusta pero que en el fondo son muy simpáticos y ninguna pinta acabó en mi camisa porque me habían empujado. En la cola (por decir algo) del Bar 11 nos encontramos con unos madrileños, querian entrar al KaffiBarinn pero les fue imposible, les colamos nosotros al 11 y con eso ya se dieron por contentos.

Sobre las 4:30 de la madrugada nos replegamos ya entre otras cosas porque fue un día muy cansado y agitado, además otra de las bromitas estas de Islandia es que la pinta te sale por 800 pesetillas de ná y la copa por unas 1200-1400 pesetas, así que no veas lo que cuesta salir por Reikjavik, no me extraña que lo que allí se estile es pagar las consumiciones con tarjeta de crédito, más de un borracho islandés se habrá llevado un susto cuando le llegué el extracto a su casa. Eso si, a pasar de su mala educación con los empujones por la falta de sitio me quedo con la simpatía de la gente de allí que mostró en todo momento, me encantó salir ese sábado por Reikjavik.


Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Obrigado Lisboa (Domingo)

Último día de la semana y nos quedaban algunas cosas por ver y por probar de Lisboa, el tiempo seguía inestable y después de la fiebre del sábado noche pues nos levantamos también bastante tarde, de hecho salimos del hotel a la hora de comer y lo mejor era que antes de movernos por ahí pues tomásemos algo y hacer la excursión de un tirón. Nos quedamos en un restaurante muy cercano al hotel donde Dani solía cenar cuando lo mandan para allá, un sitio de trabajadores, acogedor que me hizo gracia que Dani me preguntase que si me importaba comer allí, lo decía porque la noche pasada como estuvimos en el Cafe La Palma que es un tanto pijo pues no le cuadraba que luego me apeteciese comer allí. Comimos el menú y me pareció muy curioso que en las noticias de la televisión portuguesa no hablaban mas que de inundaciones, del Papa y luego se tiraban como unos 40 minutos hablando de deportes, bueno, de fútbol, hay una gran pasión allí por el deporte del balompié y además podías ir a cualquier sitio y veías partidos de la Premier League inglesa o del Calcio italiano, les encanta el fútbol, es toda una religión allí.

Tras nuestra última comida lisboeta junto a los curris cogimos el metro y esta vez en Entrecampos nos fuimos por el andén contrario y pasamos por la estación de Alvalade, un sitio bastante currao donde se ubica el campo del Benfica, club de antaño que fue campeón de Europa y que disputó grandes partidos con el Madrid en los 60. Todo decorado de rojo y con el águila símbolo de este equipo lisboeta. Continuamos hasta la estación de Cais do Sodré, una de las estaciones más transitadas y famosas del metro. Como decía en el primer post el metro esta muy cuidado y es bastante nuevo, cada estación reúne obras de arte, en esta de Cais do Sodré hay una gran frase puesta y muchos conejos que son una copia del conejo que salía en el cuento de Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll. La estación de Cais do Sodré no es sólo metro sino un gran intercambiador que tiene estación de tren, tranvías e incluso transporte marítimo ya que está estación se ubica al sur de la ciudad y está a la orilla del Tajo.

Esperamos a que pasase el tranvía para dirigirnos al barrio de Belem pero pasó un autobús que nos dejaba allí así que descartamos coger el tranvía. En el trayecto de autobús vimos bastantes raíles de tren que te llevan a las afueras de la región como por ejemplo a Estoril. El barrio de Belem es uno de los más representativos de Lisboa y su handicap es que está a las afueras pero merece la pena visitarlo por su gran cantidad de obras y por otro motivo que a continuación paso a explicar. En Rua Belem encontramos la pastelería más grande del mundo que te ofrece una especie de tartaletas que son los pasteles de Belem, hacía allá nos encaminamos y pudimos conseguir sitio para sentarnos y tomar un par de tartaletas con un muy buen café. Recomiendo esta pastelería porque es una sensación única para el sentido del gusto. Gente como Madonna cuando va a Lisboa pide de estos pasteles que sólo los fabrican ahí.

Al lado de la pasteleria se encuentra el monasterio de los Jerónimos que es un gran templo donde está la tumba de Vasco de Gama y que es famoso por un bonito claustro que tiene. Vimos la tumba y anduvimos por la iglesia para que Dani hiciese algunas fotos, gran cantidad de personas estaban dando un paseo por allí. Continuamos casi andando a orillas de la carretera y divisamos la Torre de Belem y nos dijimos que para allá íbamos, como teníamos que coger pues íbamos con cuidado de no pasarnos de hora pero nos daba tiempo, así que compramos la entrada (uno que me se yo por edad le hicieron descuento je, je...) y subimos los 6 pisos de la Torre, es un sitio curioso donde oteas el puente del 25 de Abril y ves al Cristo de Corcobado. Con la brisa del Atlántico y siendo domingo pues sientes una gran paz y notas que el viaje ha merecido bastante la pena haberlo hecho. Ya entre risas y caminando a orillas del Tajo pues no podíamos irnos sin ver el monumento a los Descubridores, una escultura construida como punta de lanza hacía el oceano donde están todos los descubridores del continente americano. Había mucha gente por allí haciendose fotos y grupos de latinoamericanos tocando para que les echasen unas monedas.

Fuimos otra vez a los Jerónimos y desde allí pillamos un taxi hasta el hotel para recoger las maletas, aprovechando el mismo taxi pues nos llevó al aeropuerto internacional de Lisboa y allí esperamos pacientemente Dani y yo tomándonos un último birrazo para coger vuelo de Portugalia que nos llevaría a Madrid, fue una suerte que Dani terminase de currar por allí y nos pudiesemos venir los dos juntos. Así en el aeropuerto comentamos un poco el viaje y hablábamos de múltiples temas, este chaval es un poco callado pero cuando habla pues no dice tonterías y es interesante lo que suele contar. El avión de vuelta parecía de juguete pero no hubo problema alguno durante el viaje, llegó a Madrid enseguida y a su hora. Nos fuimos para Cuatro Caminos y hasta aquí llegó mi primer viaje al país vecino. Espero y deseo volver muchas más veces por allí, sobre todo a Lisboa y también me apetece darme una vuelta por Oporto. No entiendo que siendo el país más cercano que tenemos los españoles lo tengamos tan olvidado, me parece un gran país muy desaprovechado que deseo que en el futuro prospere y que sigan siendo tan amables y tan buena gente como se portaron con nosotros.



Metro Lisboa. Estación Da Luz. Estadio del Benfica.



Estación de Cais do Sodré.



Pastelería de Belem.



Monasterio de Los Jerónimos.



Tumba de Vasco de Gama.



Monasterio de Los Jerónimos.



Cristo de Corcovado.



Torre de Belem.



Monumento de los Descubridores.



Puente 25 de Abril sobre el Tejo.


Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Obrigado Lisboa (Sabado)

Como la noche anterior nos acostamos bastante tarde obviamente nos amaneció también bastante tarde pero estábamos bien descansados para podernos andar bien un montón de partes de la ciudad que quería ver y que a Dani también le apetecía pasear. El día empezó un poco nublado pero luego hacía un sol de justicia que a Dani posteriormente le traicionó ;)

Fuimos de nuevo al metro de Entrecampos y nos dirigimos en la línea amarilla a Marqués de Pombal, allí es donde está la estatua ecuestre de este marqués que tras un gran incendio en Lisboa y por orden del rey portugués se le encargó la restauración de la ciudad, por eso en esta zona tenemos los edificios del llamado estilo pombalino. Bajando la Avenida de Liberdade encontramos entidades bancarias, hoteles y restaurantes en lo que es la zona más llana y lujosa de la ciudad. Según bajamos a nuestra derecha ya llegando a la zona de Restauradores encontramos la zona de teatros que podríamos comparar con la Gran Vía madrileña pero que no tiene nada que ver, es una zona peatonal, tranquila, con mucho barecitos donde la gente se relaja y pasea para comer algo. De hecho como ya era algo tarde para los usos horarios de los portugueses nos quedamos a comer allí. Nuestra primera comida a mediodía allí iba a tratar de platos típicos de Lisboa, como bacalao o marisco y por supuesto regado con cerveza portuguesa Sagres. Por cierto que el tabaco que allí fumaba era de la marca Portugues que fue lo único que encontré que en España no venden.

Tras nuestro homenaje bajamos andando a la zona de Chiado que estaba al lado y vimos otra vez la Plaza del Rossio con los adornos navideños y el teatro de Maria II, ya empezaba a hacer fresquete y aquí es donde a Dani le traicionó el tiempo, como iba un poco de verano tuvimos que pasar a un H&M para que se comprara un jersey porque sino las iba a pasar un poco putas. Tras esto y pasear por la Rua Santa Justa y Rua de Ouro subimos al elevador de Santa Justa, un ascensor construido por uno de los discípulos de Eiffel y que te lleva a la parte alta de Chiado y así llegar otra vez a la Rua Garrett para tomarnos ese café que nos apetecía después de comer en el A Brasileira. Como había dado tanto el coñazo con Pessoa pues Dani me fundió a fotos sentado al lado de la estatua y luego dentro del establecimiento nos tomamos unos cafés que estaban buenisimos, a mi no me gusta el café pero el de allí me encantó.

Siguiendo el mapa por la parte izquierda de Chiado encontramos el tranvía que te pasea por la parte vieja de Lisboa (creo que el era el 29). Lo que pasa es que nosotros estábamos haciendo el recorrido contrario al trayecto de este tranvía y optamos por andar. El objetivo era llegar a Alfama pero todavía quedaban cosas por ver antes de llegar allí. Nuestra primera parada fue en la Praça de Comercio. Es una de las plazas más representativas de Portugal ya que da directamente al Tajo y tiene una puerta de entrada que da con la Rua Augusta que es la calle peatonal del comercio lisboeta, junto con la Praça del Rossio que es donde se originó la Revolución de los claveles forman las dos plazas más importantes de Lisboa. En Praça de Comercio nos hicimos varias fotos, vimos el árbol de Navidad más alto de Europa y enfilamos la rua Augusta para ver si comprábamos algo pero nada nos convenció.

Íbamos en busca del barrio más viejo de la ciudad de las siete colinas, el barrio que me haría recordar muchas cosas de otras ciudades y de otros tiempos pasados. Las cuestas ya aparecían entre las llanas calles que daban a Rua Augusta y cuanto más angosto era el camino más me estaba divirtiendo, desde abajo ya divisiba la casa de Dos Bicos y arriba del todo estaba la catedral de Sé, en ese punto comenzaba lo que más ganas tenía de ver de Lisboa, el barrio de la Alfama. Un barrio muy parecido al Albaicín granadino, de calles muy estrechas, donde los coches no pueden pasar, casas antiguas donde los vecinos ponen sus macetas y pequeñas tascas que nada tienen que ver con un bar. Ya estaba atardeciendo y con el amarillo de las farolas del barrio le daban un aire melancólico a todo. Me gustó mucho pasear por allí porque el Albaicín me parece unos de los barrios más bonitos de los que he estado y Alfama era un clon bastante interesante, subimos un poquito por quitarnos la tontería al tranvía viejo pero apenas estuvimos un par de minutos.

Nos perdimos un poco por las calles y llegamos a un barrio al norte de la Alfama que era más comercial, hubo una cosa interesante en ese barrio y que es que había una pequeña tasca donde estaban cantando fado, un estilo de música para mí desconocido pero que atrae por su tristeza y nostalgia. Poco a poco y ya mirando más el mapa nos reconducimos hacía nuestra última visita del día que era pasear por las calles de alrededor de Castelo de San Jorge. Ya era de noche y habíamos como subido y bajado millones de escalones pero mereció la pena pasear por allí, nos encontramos con muchos turistas procedentes de Cataluña y el empedrado de la zona también me hizo recordar a la zona vieja donde se ubica el castillo de Ibiza. Es una zona que nunca dejaré de recomendar que se visite a pesar del esfuerzo físico que ello supone.

Estuvimos esperando al autobús mogollón de tiempo pero nunca llegaba, así que como la cosa era cuesta abajo nos encaminamos hacía el metro y de paso vimos la animación de la primera hora de la noche que había en el Rossio y en Pedro V, siendo campaña navideña y con el buen tiempo que hacía los lisboetas se habían echado a la calle. Llegamos un poco muertos al hotel pero descansando una horita y con una duchita ya estábamos otra vez en pie para darnos más homenajes gastronómicos. Esta vez Dani me dijo que si me apetecía ver la parte nueva de la ciudad y que además por allí había un par de sitios que indicaba mi guía de garitos de la ciudad. Así que pillamos un taxi y nos fuimos a la parte noreste de la ciudad, donde se ubicó la Expo 98 de Lisboa.

Cenamos en un centro comercial de la Expo, en concreto en el Cafe La Palma, un sitio así pijito para variar, yo me meti un magret de pato que estaba bastante bueno, el sitio también tenía zona de copas en la parte de arriba. Menos mal que mientras cenábamos fue cuando cayó un aguacero que luego después no apareció más. Así que salimos y vimos un poco de lo que había que quedado de la Expo. La Torre y el Puente de Vasco de Gama, el casino de Lisboa y el paseo marítimo. Nos encaminamos por el paseo que para nuestro mosqueo no había nadie, de hecho ya el paseo empezaba a ser tétrico y lúgubre, en la Rua da Cintura do Porto se supone que había unos sitios bastante interesantes por lo que me decía mi guía y lo que nos encontramos fue un polígono de fábricas en su mayoría abandonadas donde en una de ellas y eso no se me va a olvidar en la vida había una fiesta, yo diría que una rave, además que no se me va a olvidar el nombre, era el Armazem 23. La situación era más que surrealista, dos tipos españoles, perdidos, uno con sombrero intentando meterse por un descampado en un sitio que no sabían que era y que dentro sonaba que estabas en el infierno. Al final optamos por marcharnos porque era un poco acojonante estar en el extranjero y meternos sin saber a lo que íbamos.

Así que pillamos un taxi y nos fuimos otra vez al centro para salir de nuevo por el Bairro Alto. El taxista estaba loco y después del susto que llevabamos encima pues solo nos faltaba que el conductor del trasto que llevaba nos fuera a 140 km pasando por la Praça du Comercio. Esta vez en la Rua Atalaia había mucha más animación que el viernes y las calles estaban a reventar de gente, entre ellos muchos españoles, nos tomamos unas cañitas y unas copas, la primera cañita fue en un bar que era el equivalente al Julio Fuentes de Alcazar. La marcha lisboeta en sábado esta muy bien y puedes tirarte toda la noche por ahí de copas y la peña es muy amable contigo. Terminamos la noche en el club "Fragil" que la noche anterior estaba cerrado y esta vez tuvimos suerte y tenías que llamar y una chica muy rara te decía que valía 10 euros por entrar con consumición. El sitio era muy raro, era un club de electrónica donde había algunos guiris mezclados con gays y que Dani estaba ya cansado y un poco flipando ante la situación. Yo me lo pasé muy bien allí y además le alegré la noche a Dani cuando un pavo se acercó a mí y me empezó a tocar el sombrero y a hablar conmigo. No se que me estaba contando el pavo pero por mi espalda escuchaba las risas de Dani y lo único que quería era pillar nuestro tercer taxi de la noche y volver al hotel que ya era bastante tarde y me había bebido toda Lisboa. Nos quedaba un día y muchas más cositas por ver. Lisboa nunca se acaba.



Marqués de Pombal.



Plaza del Rossio.



Elevador de Santa Justa.



Vistas desde el elevador.



Vista de la Plaza del Rossio.



Chiado.



Fernando Pessoa.



Cafe A Brasileira.



Praça du Comercio, detrás Rua Augusta.



Praça du Comercio.



Catedral de Sé.



Alfama.



Alfama.


Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Obrigado Lisboa

Hola compañeros, estamos ante otro de nuestros viajecitos que habitualmente realizamos y que siempre da gusto leerlos en el blog una vez hechos para que el viaje quedé plasmado y que los que han hecho el viaje recuerden lo que por aquellas tierras hicieron. El viaje a Lisboa lo realizamos Dani (mi compañero de piso) y yo, fue a mediados de Noviembre y fue una experiencia muy bonita. Como siempre, empiezo cuando comento una de nuestras excursiones por los agradecimientos y esta vez le doy las gracias de todo corazón a Dani por haberme invitado a su hotel y sobre todo por haberme hecho una estancia tan agradable por tierras portuguesas, me encantó todo el fin de semana y descubrí lo bella que es la capital de este país.

Quiero empezar por unas cuantas de reflexiones antes de comentar lo que hicimos, es sobre nuestro país vecino, un lugar tan cercano pero a la vez tan diferente y distante del nuestro. En Lisboa nada más llegar me recorrió una sensación que nunca tuve en otro viaje y era la lástima y la rabia al ver un sitio tan sensacional pero tan dejado y poco cuidado. Los portugueses son una gente que están como deprimidos por lo que algún día pudieron llegar a ser pero que nunca lo conseguieron. Son personas cultas, con una gran riqueza cultural pero a mi particularmente me dieron una sensación de añoranza, de melancolía, como de rendición de que las cosas son de esta forma y así nos apañaremos.

Una vez hecha esta reflexión que es como un resumen del viaje paso a lo que hicimos por allí que fue un montón de cosas y muy variadas. Mi vuelo de Portugalia con destino Lisboa salió algo tarde desde la T1 de Barajas pero la ventaja de ir a Portugal es que como allí es una hora menos pues aprovechas para irte y apenas tardas porque yo aterricé en tierras portuguesas poco antes de las 8 de la tarde y me había ido de mi casa a las 5:30. El recibimiento fue un poco desilusionante porque ya era de noche cerrada y estaba lloviendo, además en abundancia. El aeropuerto internacional de Lisboa es acogedor, un poco como de juguete, al igual que el Sandro Pertini de Turín, ahí es donde ya me di cuenta de que Lisboa es un sitio encantador pero en el término de que nada es imperial, sino acogedor y familiar.

Esperé a Dani en la cola de la parada de taxis del aeropuerto porque tardó un poco en salir del trabajo, aprovechamos el mismo taxi en que venía y nos dirigimos a su hotel que está en la zona de Entrecampos. Mi primer paseo por Lisboa fue algo surrealista, estás contento por encontrarte a tu compañero de excursión pero también es un golpe ver por primera vez otro país y te das cuenta que es pequeñito, tiene muchas cuestas y que el taxista estaba tan agilipollado como los taxistas que te encuentras por todo el mundo (en eso no cambia ningún sitio). El hotel estaba muy bien, era de 4 estrellas y de hecho no pegaba mucho con el paisaje donde se ubicaba porque al salir de el para ir al metro y tomar nuestra primera cena lisboeta te encontrabas calles un poco desiertas, paraguas rotos tirados entre los matorrales y un molino viejo al lado de la estación de metro de Entrecampos. Capítulo aparte merece el metro de Lisboa, uno de los más bonitos que existen en la actualidad.

Nos dirigimos a la zona sur de la ciudad para ir a la estación de Baixa-Chiado que nos dejaba al lado del elevador de Santa Justa para asi poderle hacer unas fotos nocturnas, como ya era tarde pues no estaba la cosa para dar muchas vueltas, así que nos dirigimos a los restaurantes más cercanos viendo un par de plazas de esta bonita zona, la plaza de Rossio y la plaza de D. Pedro V, antes nos topamos con un tío muy raro que en inglés nos pedía algo de dinero, le dimos un par de euros y el tío sabía también español, un personaje muy peculiar. En el restaurante pues nos dimos nuestro primer homenaje gastronómico portugués, Dani con una cosa de arroz y yo con carne (aunque en Portugal lo que hay que comer pescado). La gente del restaurante muy amables con nosotros y además no hubo ningún problema con el idioma, entienden bastante bien nuestro español.

Después de cenar pues ya si pudimos darnos nuestra primera ansiada vuelta por las calles de Lisboa, tenía ganas de conocer el barrio de Chiado porque es uno de los más antiguos de la ciudad, calles pequeñas con cuestecitas y cafés donde algunos de los personajes de la cultura de allí se mueven, fuimos por la Rua Garrett donde está uno de los cafés más famosos de Lisboa, el A Brasileira, café antiguo que tiene una estatua dedicada a unos de sus ilustres clientes, el gran poeta portugués Fernando Pessoa. Detrás del elevador de Santa Justa te encuentras un boulevar en cuesta donde se encuentran varios de los comercios más importantes de la ciudad como tiendas de ropa y librerias. El encanto residía sobre todo en ir subiendo las cuestas e ir pisando los railes del tranvía lisboeta.

Para tomar nuestras primeras copas nos dirigimos al Bairro Alto, yo llevaba una lista de sitios donde recomendaban ir pero lo importante era saber la zona donde se movía la noche, en el Bairro Alto sobre todo es en la Rua Atalaia, es una larga calle donde muchos tipos te ofrecen costo y está rodeado de bares, bodegas y sitios nuevos de diseño, de hecho allí encontré una tienda de fotografía lomográfica. Nuestra primera copa en Lisboa fue en un pequeño garito donde un brasileño con su guitarra cantaba viejas canciones, pedimos una caipirihna y disfrutamos de la música y de las vistas que las guiris que también había por allí. Me encantó ese sitio y fue uno de los momentos donde más paz y tranquilidad logré allí, se podía decir que estaba feliz de estar allí compartiendo mi copa. Además ya no llovía :)

Seguimos dando vueltas por el Bairro Alto y pasamos a varios sitios, uno de ellos fue algo estrambótico porque era una casa cultural donde había un concierto de un tipo de Nueva York que estaba muy grillao, Dani se tenía que contener para no morirse de risa pero lo que merecía la pena fue pasar a la casa cultural. En Lisboa hubo grandes incendios e inundaciones y ellos han dejado la ciudad algo abandonada, en la zona centro te encuentras varios edificios muy viejos y abandonados (algo que en España ni se te pasa por la cabeza que pueda ocurrir). Siguiendo mi lista de garitos salimos del Bairro Alto y fuimos por calles estrechas, plazuelas con iglesias y te encontrabas los garajes donde guardan los tranvías. Nos dirigimos al BLeza, un bar de musicos de Cabo Verde que fue un gran descubrimiento. El sitio estaba emplazado en lo que era un antiguo palacete en medio de la ciudad, de hecho nos costó algo encontrarlo porque estaba algo escondido pero una vez que llegas y subes por las escaleras te quedas alucinado de que allí ahora se ubique un bar donde hay una orquesta que toca música africana. Es un sitio donde gente más bien madura y africanos van a bailar, merece la pena verlo, no para ir de juerga, en el interior del palacete tenían una exposición de dibujos de niños africanos.

No se nos hizo muy tarde al tomarnos las dos copas que teníamos con la entrada del BLeza, así que continuamos con mi lista de bares y nos encaminamos a la avenida 24 de Julio, fue un buen paseo pero lo que más te apetece el primer día que llegas a un sitio nuevo es pateártelo hasta conocer todas las calles de la ciudad, yo creo que es así como mejor conoces un lugar. Como era viernes algo de animación había pero tampoco era para echar cohetes. En la Avenida 24 de Julio tenía un par de sitios que ya eran discotecas para acabar la noche, pasamos por la puerta de la discoteca Kapital pero no nos dejaron pasar, era obvio y ya nos lo temíamos, porque dos tipos que iban con vestimenta normal, que son chicos y que son de fuera tienen todas las papeletas para no entrar. Antes de irme farfullé con algo de rabia (aunque no me apetecía pasar) que ellos se lo perdían porque me hubiese fundido mogollón de pasta allí, me fastidia mucho el llamado derecho de admisión.

En vez de pasar a Kapital seguimos andando y nos encontramos varios puestos de perritos calientes y hamburguesas como los puestecillos que ponen en las ferias de los pueblos, la gente se agolpaba allí y eso era una fiesta, Dani y yo nos comimos unas hamburguesas con cervecitas y eso me parecía más animado que ir a cualquier discoteca. Pero claro, estabamos al lado del puerto del río Tajo (Tejo para ellos) y hacía bastante frío, así que tuvimos que movernos que aunque en Lisboa no hace mucho frío era Noviembre y con la brisa te quedabas algo helado. Continuamos nuestro camino hacía las Docas que no sabíamos que era y resultó ser un montón de garitos que me recordaban al Maremagnum de Barcelona, así que mal rollito. Habían pasado ya bastantes horas desde que aterricé y siendo las 4 de la madrugada buscamos un taxi que nos devolviese al hotel, todavía quedaba mucho por ver, todo el fin de semana quedaba por delante. Sentados en nuestras camas veíamos el canal internacional y probamos a ver cuantos canales estaban en portugués y en cuantos había subtítulos, por la mañana pudimos ver a Doraemon en español. Antes de dormir me asomé a la ventana, me alegré de que no hubiese llovido durante la noche y me dormí enseguida, signo de que estaba muy a gusto en esta ciudad.



Entrecampos.



Metro Lisboa.


Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.