viernes, 10 de abril de 2015

60 Días por Asia. Nepal.


Decían los Héroes del Silencio que las aguas de la certeza se hallaban en los lagos de Pokhara. En aquel momento no entendí que quería decir esa frase y ni siquiera sabía donde estaba Pokhara. Afortunadamente, con el tiempo descubrí que esta pequeña ciudad esta situada en uno de los lugares más enigmáticos que he visitado. Es el turno de hablar de Nepal. Este pequeño país situado a la falda del Himalaya, se mantiene independiente a pesar de la presión de sus dos gigantes vecinos, nada más y nada menos que India y China. Como podéis imaginar vivir allí no es tarea fácil, no tan solo por el gobierno corrupto que regenta el país, sino por otros factores como los recortes energéticos que producen cortes eléctricos durante varias horas al día. Pero de nuevo la calidad de las personas junto con el reclamo de poder explorar el Himalaya, hacen de Nepal un popular destino turístico. Y por supuesto, si se tiene un mes disponible, cierta preparación (dependiendo de la ruta será imprescindible o no una forma física muy buena) y se es aficionado a las rutas montañeras, recomiendo una expedición guiada al Himalaya. Nunca exenta de riesgos, pero con un resultado final que merece mucho la pena. Este no fue nuestro caso, pues con poco más de una semana, no podíamos visitar la cordillera más famosa del mundo. En su lugar, exploramos el Nepal menos conocido, con un resultado impresionante que genero en nuestra memoria unos recuerdos imborrables. De nuevo el primer destino fue la capital, Katmandu. De nuevo un caos y una ciudad para estar de paso. Tras coger un taxi desde el aeropuerto (totalmente recomendable) y pagar los 30 dolares del visado, llegamos al barrio de Thammel, el lugar turístico por excelencia. Una especie de barrio histórico donde los precios se multiplican por 5 pero al menos el turista se siente menos intimidado por el extremismo de la ciudad. Fuera de Thammel, todo es un verdadero desastre, con lugares que parecen sacados de una batalla bélica, locales donde no se habla nada de inglés, animales sueltos, millones de coches y mucho polvo. Si uno quiere adentrarse en la ciudad debe estar preparado para todo y olvidarse del exotismo que venden las agencias de viajes. Katmandu y Nepal en general son sitios muy pobres en los que se sobrevive a duras penas. De todas formas en este salvaje lugar se puede encontrar lo mejor y lo peor; pero para encontrar hay que buscar... Y eso fue lo que hicimos. Tras ir al hotel contratado por internet (craso error pues por la zona había muchos y mejores por el mismo precio) y comprobar que tenia cortes eléctricos continuamente (un hotel de gama media tiene su propio generador) Descansamos y nos preparamos el primer destino urbano: El Templo Pashupatinath. Este templo es un inmenso complejo hinduista que sirve como templo para orar y para celebrar ritos funerarios. Una gran idea que tuvimos fue la de contratar a un guía que nos facilitó la entrada al lugar y nos dio interesantísimas explicaciones sobre los ritos hidues. Especialmente sobrecogedoras las 3 ceremonias de cremación que presenciamos, enfrente de un sucio rio, rodeados de vacas y monos. La visita al templo se alarga en el camino hacia la colina donde se pueden ver monos en libertad y maravillosos monumentos religiosos sin apenas restauración. Gran experiencia tanto visual como cultural. Emocionados por la aventura, nos fuimos al restaurante derechitos a comer una delicia del lugar: los Momos. Se trata de una especie de Gayoza (empanadillas) rellenas de carne o verdura, al vapor o fritas. Los de cordero fritos están de muerte. De vuelta al hotel, ya con Rebeca bajo mínimos decidimos reservar un vuelo interno a Pokhara, pues la idea inicial de viajar en autobús hasta allí y parar en la ciudad natal de Buda (Lumbini) la desechamos pues mi chica no podría soportar los 2 días de viaje por carreteras montañosas de dudosa calidad. Pero ¿de que vuelos estoy hablando? Bien, como casi todo en el sudeste asiático, los vuelos internos se mueven de manera local. Claro yo sabía que había un aeropuerto en Pokhara y otro en Katmandu, pero en ninguna web de vuelos convencional (Lastminute, Skyscanner, Edreams, etc.) era posible encontrar vuelos con ese trayecto. Incluso en las páginas web de a propias compañías la opción estaba deshabilitada. Increíble pero cierto. Pues bien aprovechando que en nuestro hotel había una 'agencia de viajes' consultamos esta posibilidad. En efecto, posible era pero la única manera de conseguir un billete era por teléfono y en nepalí. O sea, negocio local totalmente. Tuvimos la brillante idea de ir a la agencia de turismo y consultar el precio estándar. En nuestro hotel, como clientes y amigos (según el caradura del gerente) nos daban un vuelo por el doble de un precio normal. Por increíble que parezca los rangos de regateo en este tema son muy amplios y tras rechazar su oferta, soportar el enfado del tipo e ir a la agencia de la puerta de al lado, logramos dos billetes por unos 60 euros ida y vuelta (el otro individuo nos los vendía por ¡100!) Mucho cuidado con estas cosas, no dudéis en regatear y decir que no si os parece un timo. Visitar varios sitios por cutres que parezcan. A nosotros nos salió genial. Pues bien, con nuestro viaje organizado con Yeti Airlines, proseguimos con la visita a la ciudad. Como comenté Rebeca dijo basta y no vino al siguiente lugar apartado del horrible entorno urbano: un monasterio budista perdido en una montaña. Se trata de Nagi Gumba un templo regentado por mujeres budistas donde se puede ir a meditar y a pasar la noche. Esta perdido en el Parque Nacional de Shivapuri Nagarju, un complejo boscoso que recorre la cordillera montañosa del norte de la ciudad. Este parque nacional (realmente es un bosque con una puerta de entrada) esta controlado por el ejercito por lo que te harán pagar una especie de entrada al llegar. Una vez pasas el trámite, el lugar está totalmente deshabitado. Pues allí me fui completamente solo, por las aldeas aledañas a la capital. Gente corriente, amable, humilde y encantadora que se te quedaba mirando y te sonreía. Entre cabras, vacas y caminos de piedras, conseguí llegar al parque. GPS en mano logré con cierta suerte alcanzar el templo con en la cima de la colina (no había señales por ningún parte). Un lugar mágico, donde se respiraba aire puro y se podían oír los pensamientos. Si bien no era lo que yo esperaba, el resultado valió la pena. Y digo que no era lo que yo esperaba, porque imaginaba que aquello sería un lugar de culto ancestral apenas modificado por el paso del tiempo. Sin embargo, lo que me encontré fue un humilde templo y unas casas modernas a medio construir. Es como si las monjas intentaran reflotar el lugar y sacar de paso algo de dinero. Se podía descansar allí en unas habitaciones muy básicas. De hecho había ropa tendida de corte Europeo. Me parece que solo se paga la voluntad y puedes disfrutar de algo tan simple y difícil de conseguir como es el silencio. Tras una caminata de unos 25km, con subidas y bajadas continuas, regresé al hotel feliz de haber superado mis miedos y de comprobar que aquellas personas son eso, personas.
El siguiente destino antes de partir para Pokhara, fue la visita a la emblemática estupa de Swayambhunath. Los nepalies, a pesar de estar tremendamente influenciados por la cultura india, también presumen de ser a cuna del budismo. Si bien esto sería muy discutible, si que parece cierto que Buda nació en Lumbini un pueblo a varios kilómetros de Katmandu. Además, parece ser que la estupa de Swayambhunath es el monumento más antiguo de la religión budista, que, curiosamente, también es venerado por los hidues. En definitiva este lugar desprende misticismo y exotismo por todas partes y es de obligada visita. Por si esto fuera poco, el popular símbolo conocido como 'los ojos de buda' proviene de esta estupa que es uno de los símbolos de Nepal y que aparece en todas las guías turísticas. La estupa pricipal se alza en una caótica plaza circular que debe ser recorrida varias veces mientras se reza o se giran los cilindros que hay en sus paredes. También se debe subir a la parte superior para contemplar la magnitud del lugar y mirar de cerca los enigmáticos ojos de buda. Tras cumplir con todos los rituales, mezclarnos con los locales y visitar varios templos aledaños, nos colamos en un restaurante tibetano a probar la cocina local. Nepal es un destino muy común para exiliados del Tíbet que no quieren estar bajo la opresión de la salvaje China. Desgraciadamente la vida en Nepal no les ofrece muchas mejoras porque allí son tratados como ciudadanos de tercera y no tienen muchas posibilidades de tener una vida mejor. Sin embargo alguno lo consigue y monta su propio restaurante por ejemplo. Un acierto probar este tipo de comida, muy contundente y pesada. El colofón el té con sal, solo apto para los más aventureros. Así acabó el día. Bueno no, pues nos ocurrió una anécdota entrañable. Resulta que la bolsa de comida que nos sobró (pedimos raciones demasiado grandes), la llevábamos encima con intención de tirarla. En ese momento un niño nos pidió dinero y miro la bolsa. Era un pobre y sucio niño de unos 6 años que estaba simplemente hambriento. En un principio pensamos que nos quería engañar como habían hecho otros, pero este no era el caso. Estaba solo y le dimos la comida, que devoró al instante. Nos sentimos muy mal con nosotros mismos y bueno, algo contentos por haber solucionado el día de esa criatura que quizás el día siguiente no tuvo tanta suerte. Esto amigos, es la realidad de tantos y tantos países en el mundo...
En fin, continuando con cosas más banales, el día siguiente nos pusimos rumbo a Pokhara en nuestro simpático avión de hélices fletado por Yeti Airlines en un aeropuerto repleto de monos salvajes. En poco menos de media hora aterrizamos en el aeropuerto local de Pokhara, un complejo diminuto que se asemejaba más a un apeadero ferroviario que a un aeropuerto. De nuevo la batalla por el taxi y de nuevo un precio injusto (unos 2 euros por un trayecto de 5 minutos) Pokhara es una ciudad tranquila, mucho menos caótica que la capital y más agradable para los turistas. La zona de los lagos, es preciosa y la recomiendo a todo viajero que tenga la suerte de estar por allí. Básicamente se trata de un gran lago a la falda del Himalaya que moja la ciudad y el bosque. Todo en Pokhara es muy espiritual y si uno busca relajación en un entorno más occidental este es su lugar. Sin embargo, en Pokhara también se puede disfrutar del Nepal más autentico, ayudado por la gente local y las numerosas agencias de viajes que rodean la zona. Previo pago de una cantidad importante (unos 80 euros, una fortuna allí), conseguí que me planificarán un viaje a medida de 2 días. Un taxi me llevo hasta el parque nacional de Chitwan al sur del país. Allí vive en libertad numerosos animales en el que destaca el Rinoceronte nepalí. El amanecer en la cordillera es una de las cosas más impresionantes que he visto. Una inmensa bola de fuego se levanta majestuosa entre las ancestrales montañas. El viaje, por supuesto, duro. Los poco más de 100 kilómetros, se completan en 5 largas horas hasta llegar al poblado de Chitwan, pensado únicamente para acoger turistas. A día de hoy, el entorno no está masificado y la experiencia es del todo recomendable. Se pueden hacer rutas a pie o en coche descubierto e incluso se puede hacer noche allí. Por falta de tiempo no pude completar esta experiencia, pero desde luego el paseo por la jungla mereció la pena, sobre todo cuando presencié con mis propios ojos como un rinoceronte completamente en libertad, campaba a sus anchas entre los arbustos. Elefantes, jabalíes e incluso tigres se pueden ver con suerte en aquel lugar. Exhausto y feliz, pasé la noche en un hotel muy cómodo y me volví a la ciudad en un incómodo autobús. Los siguientes días nos sirvieron para explorar Pokhara y, por supuesto, para navegar por su precioso lago. El atardecer en sus aguas es más que bello. Alquilamos una barquita y antes de anochecer, nos dirigimos al desierto templo de Tal Barahi, en el medio del lago. El bullicioso lugar es un remanso de paz cuando la noche cae. Rebeca y yo nos miramos atónitos por la belleza y la paz que allí se respiraba. Nos hicimos una promesa silenciosa y juramos nunca romperla. Tras un maravilloso descanso en nuestro acogedor hotel (pegado a la agencia de viajes con la que contraté el tour, Himalayan Discovery Nepal) Probablemente el mejor hotel del viaje en relación, precio-confort-servicio. En los dos días sucesivos, nos aventuramos en los rincones más recónditos de la zona. El primero de ellos fue el bosque de la pagoda de la Paz. Este impresionante monumento, es una pagoda que se encuentra en lo alto de una colina frente al lago principal. Tras atravesar un par de aldeas locales, luchar contra las sanguijuelas y descifrar los datos del GPS, alcanzamos el monumento en cuestión. Ruta muy recomendable de intensidad media que se puede empezar desde el sur de la ciudad. Y el segundo destino fue el bosque de Methlang al norte de Pokhara. Popular por sus vistas, sus casi 2 horas de subida lo convierten en un lugar privilegiado y salvaje, donde poder admirar el lago y la cordillera reina del montañismo mundial. Con ganas de más pero sin tiempo, volvimos a la capital para coger el vuelo de vuelta hacia el último destino: Estambúl. Un avión repleto de Nepalies primerizos en esto de volar nos esperaba; por alguna extraña razón, estaban ansiosos por visitar el baño, y era imposible hacer un pipi sin esperar una cola de 5 personas. Volaban hacia tierras árabes, probablemente para trabajar en situaciones precarias. Esto es algo contra lo que tenemos que luchar con todas nuestras fuerzas: no es justo que estas buenas gentes sean explotadas por los vecinos ricos.

 Mi llegada triunfal al templo Nagi Gumba

 El huerto del templo
 Una plaza en Katmandu
 Vestidos para la ceremonia
 Ancianos esperando su hora

 Impresionantes ceremonias funerarias en el templo





 Monos dandose un baño
 Los ojos de buda

 Panoramica del lago de Pokhara
 Auténticos héroes en el lago
 El templo de Tal Barahi en medio del lago
 Vacas caminando por Pokhara
 Locales paseando
 Dentro de Chitwan







 Vacas en el templo de Pashupatinath
 Estos tipos basicamente esperan turistas para cobrarles por la foto
 El hombre y el toro
 La plaza de Swayambhunath



 Nuestra amiga tibetana
 Fotos de animales
 Vista de la cordillera
 Una simpatica amiga en el restaurante
 Trabajadoras en el valle
 La estupa de la paz
 El lago. Impresionante.





 El recepcionista, camarero, cocinero, un tipo maravilloso




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