domingo, 27 de diciembre de 2009

Danke Wien. Prólogo y Llegada.

Hola de nuevo, vamos a compartir un nuevo viaje en el blog, el año pasado durante el verano comenzó un interesante y estupendo viaje a la capital de Austria, Viena. Aprovechando estas fechas navideñas de vacaciones ahora es cuando voy a redactar dicho viaje, además me parecen unas fechas muy adecuadas para hacerlo ya que Viena es una de las capitales del mundo más bonitas en Navidad con sus tradicionales mercadillos navideños, su concierto de Año Nuevo en la Ópera y sus pistas de hielo para el patinaje donde los austriacos son unos expertos.

Como ya es tradición en el blog antes de comenzar a meternos con lo que es propiamente el viaje vienen los agradecimientos y está vez quiero mencionar a mi acompañante que fue una compañera ejemplar para el que fue nuestro primer viaje fuera de España los dos juntos, así que Olga, gracias por la compañia durante la semana que duró el viaje, me lo pasé muy bien con ella y me ayudó en bastantes cosas como el idioma o la improvisación a la hora de hacer un plan ya que no llevábamos nada preestablecido, sólo algunas ideas de lo que podríamos hacer.

Viena no es un sitio que me pareciera muy atractivo, una capital imperial llena de museos y estrictas reglas europeas no me llama mucho la atención y era la idea preconcebida en mi mente sobre esta capital. Muchos de los tópicos se cumplieron porque efectivamente Viena es un sitio precioso para pasear rodeado de grandes monumentos fastuosos reflejando lo que antes fue un imperio. Sus gentes son bastante amables y no les parecia ningún esfuerzo comunicarse en inglés, de una educación exquisita pero también rígida donde las reglas son estas y no voy a salirme de la cuadratura del círculo. En el aspecto paisajístico y educacional me recordaba en algunos puntos con París pero con ese toque prusiano que no es tan bohemio y sí que es más serio. En otros aspectos fue un sitio que me encantó y que me sorprendió, el tópico de que Viena es aburrido en el ámbito nocturno es completamente falso ya que nos movimos por diferentes barrios y la ciudad tiene muchos y diferentes ritmos que iremos reflejando con el paso de los días, también eran muy bonitos sus parques (cosa que no me imaginaba) y muy cuidados. Pero el aspecto que más me encantó y que me hacía estar muy a gusto allí es su pasión por la música, tanto la música clásica como la música de vanguardia, a todas las horas en la ciudad podías ver, oir, sentir y hasta olfatear música porque cada rincón de la ciudad vive la música intensamente, esa relación entre la ciudad y la música es el principal concepto que me traje de Viena.

Nuestro periplo empezó el 6 de Agosto en la terminal T1 de Barajas con nuestro vuelo directo de Spanair a Viena, siempre hablo de las compañias de vuelo y he de decir sólo cosas buenas de Spanair ya que sus vuelos fueron puntuales, el personal atento y nos ponían cosas durante el vuelo, cosa que es de agradecer tras el madrugón que supone ponerte en pie a las 7 de la mañana para aterrizar en Viena a mediodía en el aeropuerto Wien Schwechat Flughafen. Una vez recogidas nuestras maletas rodeados de españoles en plena anarquía y vociferando que éramos a los únicos que se nos oían en todo el aeropuerto nos dirigimos al establecimiento de la Wien Card para resolver nuestro problema del transporte en Viena durante nuestras vacaciones, con una Wien Card de 5 días podíamos coger el tren que te lleva hasta el centro de la ciudad y tener el metro para 5 días, después ya compraríamos para lo poco que nos quedará allí ya que un día lo íbamos a pasar en la capital de Eslovaquia, Bratislava . Creo que fueron unos 27.5 euros que era un precio bastante bueno para los trayectos que íbamos a hacer durante esos días.

Una vez cogido nuestro billete gracias al inglés de Olga fuimos al tren que te traslada al centro de la ciudad, el CAT (City Airport Train) que yo lo llamaba con sorna el tren gatico, un tren pues muy parecido a los típicos trenes de traslado de aeropuerto a la ciudad que hay en London-Gatwick o en Milán-Malpensa. Este tren te deja en la estación Wien Mitte-Landstrasse que por el nombre en alemán de Mitte es la estación central de la ciudad. De ahí no nos complicamos la vida y directamente cogimos un taxi para llegar a nuestra residencia, así en coche veríamos un poco la ciudad y pasamos por el Parlamento y por varias de la calles del anillo de la ciudad. Nuestro hotel estaba en el distrito 9 vienés, que es el distrito donde está el parque de Sigmund Freud, el distrito se llama Alsergrund, en concreto nuestra residencia seria el Arcotel Boltzmann de la calle Boltzmanngasse, un barrio comprometido con el diseño de vanguardia y cercano a la universidad. Enfrente de nuestro hotel estaba el Instituto Psiquiátrico de Viena y a dos pasos en nuestra misma acera estaba la Embajada de EEUU. El hotel al estar situado en un sitio comprometido con el diseño era de estilo art decó donde la entrada y el bar son preciosos. Por dentro muy acogedor y sencillito, además tuvimos la suerte de tener nuestra ventana dando a Boltzmangasse en una planta bastante alta (creo que era la 5 planta) y de noche nos poníamos a fumar en la ventana viendo enfrente el Instituto Psiquiátrico de grandes ventanales y la luna vienesa, pero eso ya lo contaré en próximas entregas, todavía queda por redactar lo que fue nuestro primer día en la ciudad de Mozart.



Llegada al aeropuerto internacional de Viena.



Instituto Psiquiátrico de Viena.



Arcotel Boltzmann. Entrada.



Arcotel Boltzmann. Terraza.



Arcotel Boltzmann. Interior de las habitaciones.


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